La vivienda se ha situado en el centro del debate público. El considerable aumento de los precios, las dificultades para acceder a un alquiler y los problemas para iniciar o mantener un proyecto de vida han convertido el acceso a una vivienda digna en una de las grandes preocupaciones de nuestra sociedad.
Cuando hablamos de este problema solemos mirar principalmente hacia las grandes ciudades. Y es cierto que allí la situación resulta especialmente visible y notoria. Pero quienes vivimos y trabajamos en el medio rural sabemos que nuestros pueblos tampoco son ajenos a esta realidad.
En municipios como Albalate del Arzobispo, la falta de viviendas disponibles es un obstáculo para quienes quieren asentarse aquí. No basta con tener ganas de vivir en un pueblo: también es necesario encontrar una vivienda adecuada para poder hacerlo.
Necesitamos que las políticas de vivienda tengan en cuenta las particularidades de nuestros municipios y ofrezcan respuestas concretas: hablar de rehabilitación, de recuperación y de nuevas promociones para promover viviendas de calidad, accesibles e integradas.
En este debate también conviene reflexionar sobre el papel que desempeña la especulación inmobiliaria. La vivienda puede ser una inversión, pero no podemos olvidar que, ante todo, es un derecho. Cuando la búsqueda de rentabilidad se impone por encima de su función social, se corre el riesgo de dejar fuera a quienes tienen menos recursos. Necesitamos un mercado que funcione, sí, pero también políticas públicas capaces de corregir desequilibrios y garantizar oportunidades.
Defender la vivienda pública y asequible no significa cuestionar a todos los propietarios ni ignorar las dificultades que existen para rehabilitar o poner una casa en el mercado. Significa reconocer que el acceso a una vivienda no puede depender exclusivamente de la capacidad económica de cada uno y que las administraciones tienen una responsabilidad que no deben eludir.
No debemos olvidar que las competencias exclusivas de vivienda las tienen las comunidades autónomas y que, por tanto, deben ser las primeras en dar respuestas. En Aragón, no podemos renunciar de antemano a ninguna herramienta que permita abordar las dificultades de acceso a la vivienda. La decisión del Gobierno de Azcón de no tramitar solicitudes de declaración de zonas de mercado residencial tensionado, recurrida por la Delegación del Gobierno ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón, descarta soluciones por motivos ideológicos antes de conocer si pueden sernos útiles.
También necesitamos que la futura Ley de Vivienda de Aragón se traduzca en medidas concretas para los municipios, sobre todo para los más pequeños. Los ayuntamientos conocemos –de sobra– las dificultades de nuestro territorio, pero no siempre disponemos de los recursos económicos ni de los instrumentos necesarios para darles respuesta. Por eso es imprescindible que el Gobierno autonómico acompañe sus políticas de financiación, colaboración y compromisos efectivos para facilitar que nuestros pueblos sigan siendo lugares donde vivir y desarrollar un proyecto de futuro.
Celia Trullén. PSOE / Albalate del Arzobispo

