Han transcurrido 25 años desde que la banda terrorista ETA cometió otro de sus miserables y cobardes asesinatos por la espalda. Manuel Giménez Abad, cuyo único ‘delito’ era dedicarse a la política aragonesa, iba caminando por la calle hacia La Romareda junto a su hijo Borja. En ese momento, el terrorista Mikel Carrera le descerrajó 3 disparos acercándose como un cobarde y rematándole en el suelo.
Cada aniversario, cada lágrima derramada, cada flor colocada por un joven en la tumba de su hermano son motivos para que se avergüencen los actuales dirigentes del PSOE. Podrán vendernos que Bildu no es ETA, pero en las últimas elecciones municipales tuvieron hasta 44 etarras, 7 de ellos con delitos de sangre en sus listas electorales. Blanquean un partido que no condena el terrorismo ni reniega su sangriento pasado.
853 muertos, casi 90 secuestros y más de 2.600 heridos. Conviene recordar estas cifras no tan lejanas. El Gobierno de Pedro Sánchez se apoya y sostiene gracias a comunistas y separatistas, triste aunque legal, pero lo de Bildu… las manos de Sánchez hace tiempo que están manchadas de sangre. No tiene reparos en conceder más beneficios penitenciarios a etarras o acercamientos de presos con tal de mantenerse anclado en La Moncloa.
El bipartidismo no es muy dado a exigir muchos requisitos para pertenecer a sus filas. En cambio, en VOX, a un humilde servidor que aspiraba a representar a los vecinos de Caspe, me pidieron un certificado de antecedentes penales que acreditara que estaba libre de condenas firmes. Para ser socio de Sánchez puedes ser un asesino, que si tu voto le sirve, ya se lavará las manos después.
Terminaré con una frase de mi presidente Santiago Abascal que pude presenciar en directo en su mitin de Cuarte de Huerva hace tres meses: «Por mucho que Sánchez quiera borrar nuestra historia y mearse encima de los muertos de nuestra patria, no vamos a olvidar nunca que ETA es una organización criminal y es quien ha puesto a Sánchez en La Moncloa».
Germán Sanz. Vox / Caspe


Siempre con la misma cantinela o cantilena. El terrorismo de ETA fue una monstruosidad, una barbaridad que no tiene ninguna justificación. Matar en nombre de Euskadi, de Cataluña o de España es una aberración. Yo todavía recuerdo cuando tuve que hacer la mili a la fuerza y en la jura de bandera nos hacían gritar aquello de «Soldados: ¿Juráis por Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria, y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangre?». Había que contestar: «Sí, juramos». Un grupo de insurrectos como yo, contestábamos por lo bajini: «Sí, nos vamos. Todavía hoy, la legión, con la cabra por delante, canta que son el novio de la muerte, que viva la muerte y otras simplezas. Pero de todo eso usted no dice nada. Tan aberrante es matar por España como por Euskadi.
Intentar diluir los crímenes de ETA mezclándolos con canciones legionarias, la mili o una jura de bandera es una trampa moral bastante burda.
Una cosa es que a usted le disgusten determinados símbolos militares españoles, algo perfectamente legítimo, y otra muy distinta una organización terrorista que durante décadas puso bombas, pegó tiros en la nuca, secuestró, extorsionó y asesinó a 853 personas. No son fenómenos comparables.
Decir que “matar por España es igual que matar por Euskadi” queda muy bonito como consigna pacifista, pero es intelectualmente tramposo si se usa, como es el caso, para blanquear o relativizar a quienes convirtieron el terror en estrategia política y hoy siguen sacando provecho de ello.
Lo que no tiene sentido es malhablar, maldecir y escupir en una guerra de hace 80 años o más y venir con la chorrada de que los asesinos de hace 20 años, que siguen vivos y algunos en el Congreso de los Diputados se les debe perdonar y olvidar sus crímenes, porque antes de ellos, desde hace millones de años, hubo seres humanos que también comentieron asesinatos.
Dice muy poco a su favor, Sr. Torralba.