Como alcaldesa de Albalate del Arzobispo y consejera comarcal del Bajo Martín, comparto la preocupación —cada vez más creciente— que observamos desde las comarcas aragonesas ante una situación que requiere de atención urgente: la insuficiencia de nuestra financiación.
No son pocas las ocasiones en las que hemos escuchado durante esta legislatura noticias alentadoras sobre un incremento de la financiación comarcal por parte del Gobierno de Aragón. Sin embargo, la promesa no se concreta. Mientras Azcón sigue anunciando más financiación para las capitales de provincia, los recursos asignados a las comarcas distan demasiado de cubrir el coste real de los servicios tan esenciales que se prestan.
Junto con los ayuntamientos, las comarcas somos las administraciones más cercanas a la ciudadanía. Podríamos compartir el eslabón en la cadena de atención a nuestros vecinos/as, especialmente si hablamos del mundo rural. Gestionamos servicios tan importantes como imprescindibles en el día a día: la ayuda a domicilio, servicios sociales, centros de día y/o residencias públicas, la promoción cultural y deportiva, o la protección civil, entre otros. Lo hacemos con la máxima responsabilidad y rigor que lleva aparejada la gestión pública, pero sin una financiación adecuada y estable en el tiempo, todo ese esfuerzo se diluye en un obligado esfuerzo de contención cada año más creciente.
Hablar de una financiación justa no es una reivindicación oportunista, sino una necesidad real que se imprime cada año en nuestro territorio y que atañe a todos los responsables que estamos al frente de la administración pública. La calidad de los servicios debe ser intachable, y por ello, es indispensable que cuenten con los recursos suficientes y actualizados a su coste real. Pretender mantener el mismo nivel de atención, infraestructuras y personal sin una financiación adecuada y justa no es difícil, es una quimera. No hablo de mantener meramente operativos unos servicios, sino de garantizar su funcionamiento, su cercanía y su calidad, porque de ello depende, en gran medida, la igualdad de oportunidades entre quienes eligen vivir en nuestros pueblos y quienes lo hacen en las ciudades más grandes.
Las comarcas somos un pilar esencial en la vertebración y el futuro de Aragón. Creer verdaderamente en el valor intrínseco de nuestro mundo rural, en la igualdad de todos y en la necesidad de mantener vivos y dinámicos nuestros pueblos. Pero para poder llevar a cabo este cometido, necesitamos unos recursos económicos que nos permitan trabajar con la eficiencia y dignidad que se exige en nuestro compromiso. Porque, sin una financiación real, la tan ansiada vertebración del territorio no pasará de ser una promesa electoral vacía.
Celia Trullén. PSOE / Albalate del Arzobispo

