Lo confieso. Confío en las bondades de la naturaleza humana. Y eso, a pesar, de que soy consciente de que nos movemos por las emociones y son éstas, precisamente, las que nos llevan a tomar decisiones todos los días del año. Y no solo eso, las emociones también nos marcan las relaciones que mantenemos con el resto de las personas que nos rodea.
Como nos decía Emilio Duró en su magistral charla el otro día en Alcañiz, hay personas que van iluminadas todo el día y te contagian esa ilusión y esas ganas de vivir. Y luego… luego están, los apagados, los que están fundidos, los que te absorben la energía y siempre te hacen ver el lado más oscuro de las cosas.
Y si de «iluminados» hablamos, no dejo de pensar en las miles de personas que se han acercado estos días a Valencia para echar una mano ante el desastre que ha dejado numerosos pueblos devastados y más de cuarenta y ocho mil empresas afectadas con las cuales, como empresarios, nos solidarizamos profundamente. Son los jóvenes, la «Generación de Cristal», con sus ganas y con ese espíritu de quererse comer el mundo, los que han demostrado que son una generación más sensible y más comprometida de lo que muchos han pensado.
Porque a pesar de que, aparentemente, el mundo nos empuja a una sociedad más globalizada, más individual, menos solidaria y más inmediata, agradecemos y valoramos, cada vez más, la cercanía con otras personas. Y de eso nos hemos dado buena cuenta todas las asociaciones empresariales de Aragón que hemos participado en la tercera edición del Congreso Aragonés de Comercio que tuvo lugar en la ciudad de Teruel la semana pasada.
Allí, debatimos con ponentes de prestigio sobre la evolución digital de la sociedad y de nuestras pequeñas empresas locales, de cómo la Inteligencia Artificial está transformando el presente y definiendo el futuro. Y concluimos, sin excepción, que nuestra oferta de valor es la empatía que tenemos con otras personas, nuestra capacidad de identificarnos con el que tenemos enfrente y nuestra disposición a ayudar a los demás. Y ninguna tecnología e Inteligencia Artificial va a ser capaz de reemplazar estas capacidades innatas del ser humano. Por eso, las pequeñas tiendas no desaparecerán, tendrán que hacer un gran esfuerzo por adaptarse a todos los cambios que están por llegar pero el cliente siempre preferirá ser atendido por un humano que por una máquina. De hecho, los últimos estudios hablan de que en 2023 se produjo un aumento significativo en el promedio de afluencia a las tiendas físicas del 45,8% en comparación con el año anterior.
Este Congreso Aragonés de Comercio, además de permitirnos conocer las nuevas tendencias del mercado, también nos permite estrechar relaciones con los compañeros gerentes de otras asociaciones empresariales de Teruel y del resto de Aragón. Desde la pandemia trabajamos más unidos que nunca, pese a que cada uno está en un lugar diferente, pero muchas veces, nuestros problemas y éxitos son los mismos y compartirlos es muy enriquecedor para todos. Surgen, además, nuevas sinergias, como nuestra participación desde la Asociación de Empresarios Turísticos del Bajo Aragón en la Feria de Caspe que tuvo lugar a principios de este mes. Allí participamos como invitados por la Asociación Profesional de Empresarios de Caspe en las charlas que desarrollaron con empresarios y comerciantes dentro de su stand.
La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse y cada vez la vamos a implementar en más tareas de nuestro día a día. Desde pensar por nosotros en un menú para la familia, diseñar la escapada de fin de semana y no perdernos ni un detalle del destino o, incluso, recomendarnos una película en Netflix que se ajuste a nuestros gustos. Pero estoy convencida de que el mundo seguirá necesitando de esas emociones que solo las personas podemos proporcionar. Y es que nunca podrá hacer la tortilla de patata como la que hace tu madre ni una visita guiada memorable que no olvidarás jamás.
Nieves Ballestero. Gerente Empresarios Turísticos Bajo Aragón
Las emociones que nos conectan
Lo confieso. Confío en las bondades de la naturaleza humana. Y eso, a pesar, de que soy consciente de que nos movemos por las emociones y son éstas, precisamente, las que nos llevan a tomar decisiones todos los días del año

