¿Tienen algo que ver estos dos?

Una vez, en una convención de escritores de esas a las que vas a ver qué se cuece en las perturbadas mentes de otros como tú, escuché decir a alguien que escribía en un móvil. Mi reacción fue el horror, pero he tenido tiempo de sopesarlo.

Los móviles son parte de nuestra vida. Para los que vivimos la llegada de la tecnología como Howard Carter asomado a la tumba de Tutankamón, esto nos viene menos grande, aunque la velocidad de los adelantos nos deja peinados hacia un lado. Vamos, que todo va demasiado deprisa.

Los jóvenes no sabrán de qué hablo porque han nacido con móvil. Los demás aprendimos a manejarlo tras consultar muchas páginas de enciclopedias. Eso se nota. No concebimos cómo pueden hacerlo todo en una pantalla. Me incluyo. Aunque escribo en el ordenador, hay cosas que necesito ver sobre la mesa, anotaciones, guion, ideas… No sirve una ventana secundaria. Necesito tocarlo. Aquí, me aconsejarían comprar tres monitores, pero tampoco quiero parecer el malo de James Bond. Así me siento a gusto.

Eso es, sentirse a gusto. Contar historias es un placer; no importa si delante de un ordenador, o a mano con una pluma de oca a la luz de un quinqué. Da igual si en el teléfono más barato, o en el ordenador más caro. La esencia es la misma. Historias que gusten, o no. Imagino que Homero, el poeta ciego, no tuvo siempre un buen día. Alguna vez lo abuchearon, lo normal. Como dicen en Hollywood: Si alguien te odia, lo estás haciendo bien. La envidia es una de las emociones más antiguas.

En un móvil también se escribe y se lee, y mucho. A los amantes de la lectura, les importa poco si en papel o en pantalla. Vivimos acelerados. Como decía Mafalda: Lo urgente prima antes que lo importante, y lo urgente, lamentablemente, es sobrevivir: trabajar y correr. Por eso, el buen lector calla y lee: en el autobús, en el tren, en la consulta del dentista, en el descanso de media hora para comer en la fábrica, donde sea, arrancando minutos a su vida.

Espero que hayas llegado a la misma conclusión que yo, aunque yo haya tardado bastante más en darme cuenta. En efecto, la literatura y los teléfonos móviles sí tienen relación y mucha, así que feliz feria del libro.

Miguel Gardeta