El martes pasado, muchas médicas, igual que yo, llevamos a nuestros hijos pequeños al colegio sabiendo que no volveríamos a verlos hasta al menos 24 horas después. No fue un hecho aislado. Es una escena que muchas médicas madres repetimos semana tras semana, atrapadas en un sistema que mantiene las guardias de 24 horas como si no existiera otra alternativa.
Entre 3 y 4 días al mes duermo fuera de casa y es mi familia la que sostiene mis ausencias, aunque son difíciles de comprender, sobre todo para una niña tan pequeña como mi hija.
Cada una de mis guardias comienza con una triste despedida entre las dos frente a las puertas de su guardería. Ella sabe que mamá trabaja toda la mañana en el consultorio de uno de nuestros pueblos; después se desplaza a un centro de salud rural para pasar la tarde atendiendo urgencias y avisos en toda la zona. Llega la noche y mamá trata de dormir, o al menos cerrar los ojos, con la ropa de trabajo puesta, siempre alerta al timbre o al teléfono.
Sólo después de amanecer puedo volver a casa para reencontrarme con mi hija. Me recibe con un abrazo capaz de sanar la peor de las guardias. Tarda un rato en despegarse de mis brazos y compruebo que me ha echado de menos casi tanto como yo a ella. Mi hija alcanza a repararme donde la vocación no llega.
El retorno también es un trayecto difícil. Lo que a ella no le cuento es que conduzco de vuelta a casa agotada, consciente de que llevo horas sin estar en condiciones óptimas para ejercer, con miedo a equivocarme o a olvidar algo importante. Cuando llego, me espera un día de «saliente» en el que no trabajo, pero tampoco supondrá un verdadero descanso. Mientras intento recomponerme para volver a ser médica al día siguiente, sigo siendo muchas otras cosas que me importan profundamente; entre ellas, y por encima de todas, soy madre.
Me encantaría que mis pacientes, y los pacientes de todas las médicas de familia de nuestra comarca, entiendan que esta realidad no es sostenible ni segura. Son muy pocas las profesiones que realizan turnos que duren un día completo. Se hace incomprensible que haya médicas y enfermeras, responsables de la salud de tantas personas, que estén obligadas a hacerlo, sin que esas horas coticen siquiera para su jubilación.
Estas guardias son uno de los motivos que nos han conducido recientemente a una huelga médica de cuatro días. El trabajo ininterrumpido de 24 horas, lo denomine como lo denomine el Estatuto Marco propuesto, no es un acto de vocación. Es un modelo laboral que desprotege a pacientes y profesionales, deteriora la calidad asistencial e imposibilita cualquier tipo de conciliación. No es sólo nuestra maternidad y nuestra vida plagadas de ausencias intermitentes las que nos mueven. Están en juego nuestra seguridad y la de quienes intentamos cuidar incluso cuando nos sentimos exhaustas; está en juego la seguridad de nuestros pacientes.
María Escorihuela. Médica de Familia y Comunitaria


Todo el mundo que hemos trabajado, sabemos que 24 horas seguidas, trabajando, no se sostienen y que cuando llegas a las cuatro ultimas, porque alguna vez ha tocado, tu cabeza ya no esta como en las ocho primeras, ni de lejos. Pues mas de una vez, ha tocado dejar la cosa que no funciona parada y mañana, con la cabeza fría y el cuerpo descansado, será otra cosa.
Esto lo hacen, que yo sepa, médicos, bomberos, guardia civil, etc. todo gremios de los cuales dependemos personas, y que si la cagan, a alguien le puede costar caro.
No se quien organiza estas cosas, pero muy lógico no es.
¿Por que se monto así y no se cambia después de años y años?, pues yo no lo se, pero ahí y así siguen, mal.