El frío del invierno ha llegado, las Navidades pronto lo harán, y, precisamente ligado a ello, en muchos pueblos aún perduran las tradicionales matanzas de cerdos y terneros para llenar las despensas y falsas. La fecha no es casualidad, nada de lo que nuestros muy sabios antecesores hacían lo era. Las bajas temperaturas son imprescindibles para el curado de la carne, más en una época en la que las cámaras frigoríficas, neveras y congeladores eran una quimera.
Esta práctica, más que tradición, era una necesidad, siendo una manera de ahorrarse dinero en casas en las que no sobraba nada. Además, el matacerdo son días de encuentros de familias y vecinos, pues es imprescindible la ayuda y el trabajo conjunto por el alto volumen de trabajo que conlleva. También, entre mondongos y embutidos, recordamos a nuestros padres, tíos y abuelos, que se empeñaron en enseñarnos estos quehaceres. Y menos mal que algo se nos quedó.
Una vez al año volvemos a sacar esos artilugios casi de museo: la romana, los barreños y baldes, la jeringa o ese mandil que nos recuerda tanto a las abuelas que, con el pañuelo bien anudado y tremenda soltura, se manejaban muy hábilmente entre calderas y fogones.
De nuevo, entre el olor y calor de las morcillas cociéndose, tenemos la excusa perfecta para reivindicar los buenos valores que parten de humildes tradiciones como esta. Valor por aprovechar todos los recursos, por apreciar el producto de calidad y por hacerlo en familia, arrimando el hombro. Desde esta resistencia y mientras podamos, seguiremos sacando pecho, orgullosos de continuar un legado, orgullosos de lo nuestro y de nuestras raíces.
Los afortunados que tenemos la suerte de continuar con esta práctica, nos comprometemos a enseñarla a los más jóvenes, aunque de ellos dependerá que no decaiga. Por vuestra parte, los que estos días o en cualquier fecha os acerquéis por nuestros pueblos, aprovechad para comprar en los negocios locales que, con el máximo mimo y respeto, siguen elaborando productos con las recetas tradicionales, a pesar de las complicaciones que ello conlleva. Es un trabajo conjunto: de todos depende que el legado de las matanzas no se olvide.
Ana Sales. PSOE / Cantavieja


Muy bien expresado Ana. Una gran verdad en todo lo que dices. No se si los jóvenes seguirán haciendo, las matanzas si no ellos se lo pierden.
A mí, todo lo que suena a matar, matacerdo o matacía me repugna. Hay palabras que hieren: matar, asesinar, quitar la vida…
lo mejor es comerlos vivos
Gracias a la evolución y el desarrollo hemos dejado atrás muchas tradiciones… la matanza del cerdo fue útil durante un periodo de tiempo, creo que hoy es una brutalidad gratuita e innecesaria… otra cuestión es la elaboración artesanal de embutidos y las reuniones sociales y familiares.