Que mi lengua es el Chapurriau, lo afirmo como una de mis creencias más profundas. Que es una lengua diferente del castellano y del catalán también se ha encargado la vida de demostrármelo a través de mis padres, abuelos y ascendientes de los que en sus recuerdos me han hablado. En todos los casos tenían claro cual era su lengua y sus enormes diferencias con el castellano y el catalán que eran unas lenguas que apenas entendían y con las cuales no sabían expresarse.
La lengua son unas palabras, una fonética, pero también es el reflejo de una cultura diferenciada, un sentimiento de pertenencia que nos define, una historia familiar, local y territorial que nos une. Pero también en lo más profundo es un sentimiento que nos envuelve y nos arrastra.

Yo no me siento involucrado en un mundo dominado por el castellano, del que soy consciente que me diferencio claramente; pero incluso hoy en día me siento más libre que en un mundo dominado por la cultura actual catalanista con su idioma uniformado, con su historia adaptada a conveniencia y con su afán de constante expansionismo.

Mi chapurriau y yo somos diferentes. Me repele ese afán de anexionar a mi lengua como catalán para pasar luego a su desaparición. Cuando alguien les hablaba en catalán a mis padres, no sólo no comprendían nada y mucho menos mis abuelos, sino que lo rechazaban como algo extraño que no iba con ellos. Solamente cuando algunos emigrantes de nuestra tierra han sido absorbidos por la lengua catalana o a algunos asentados en nuestra tierra se les ha abonado con las bondades de la tierra catalana y han sido tan deslumbrados por la magnificencia y desarrollo catalán cuando les ha cautivado la idea de pertenencia a unas tierras más prósperas y ha comenzado a propiciarse el debate en nuestros pueblos sobre la pertenencia del chapurriau a la órbita del catalán y se comienza a desarrollar el dilema chapurriau/catalán, inexistente hace unas décadas en nuestras tierras. También nuestra querida DGA ha contribuido a buscar problemas donde no los había por su inclinación descarada a propiciar el catalán en Aragón y a rechazar nuestro chapurriau autóctono de Aragón.

Rechazo con todo mi corazón ese afán expansionista y homogeneizador del actual catalanismo que me hace pasar de un sentimiento de antaño de apreciación a la lengua y cultura catalana al actual de aborrecer, no a esa lengua y cultura de antaño, sino a esos movimientos de nacionalismo lingüístico y político que atraen a tantos catalanistas y no catalanistas de buena fe, y de una inclinación de agradecimiento y de proximidad social a otra de aversión por esos sentimientos idealizados que nos intentan devorar.

Juan Segura - Torrevelilla