Esta estrofa es el reflejo de nuestro Chapurriàu, nunca nuestra lengua ha marcado distancia con nadie, ni con otras tierras, ni con otras lenguas. Siempre ha sufrido dominios lingüísticos y razones políticas impositivas, pero siempre ha callado y sufrido dominios de diferente índole a través de la historia de su evolución.

Pero ahora es diferente, tenemos que claudicar ante un dominio imperial político, económico, universitario y de imposición en nuestras escuelas y sedes formativas de otra lengua que solo nos quiere para tragarnos bajo la justificación de ser una variante suya, sabiendo que no lo somos y que no queremos caer en sus redes, porque no es nuestra lengua, no es nuestra cultura, no es de nuestro entorno, ni geográfico ni político, ni res de res.

Nuestros dormidos políticos solo hablan de un aragonés sin definir o quizá se creen que cuatro palabras sueltas que circulan por Aragón forman una lengua a la que llaman aragonés. Incluso ven normal la existencia de un catalán de Aragón como pudiera ser un castellano de Teruel o de Sigüenza.

Hay lenguas aragonesas y una de ellas es el Chapurriàu, como puede ser la fabla, pero por favor, no sean tan simples y dejen de imponer al catalán como lengua de Aragón.

Nuestro Chapurriàu del Matarraña y de los 7 pueblos del Bajo Aragón Turolense, además de otras poblaciones de Zaragoza y de Huesca, no tiene nada que ver con ningún catalán oriental. Somos aragoneses que hablamos una lengua propia, pero por supuesto que aragonesa y nos sentimos defraudados y abandonados por nuestro gobierno, el anterior y también el de ahora, porque ni nos conocen ni creen en nosotros. Les sonamos como en catalán, pero sepan que desde siempre y por supuesto seguimos sonando y clamando ahora y en un futuro por nuestro Chapurriàu.

Estamos hartos de dogmáticos invasores y de míseros convictos que nos intentan dominar y conducir hacia sus postulados, negando una evidencia real e histórica de la que somos la más viva expresión.

¡Viva nuestro Chapurriàu!
¡Viva nuestra lengua aragonesa!

Juan Segura. Torrevelilla. El mundo del chapurriau