Solía pensar que la vida se escribe en una sola dirección, como una línea recta que avanza sin parar y que no podemos frenar. Sin embargo, poco a poco, me he ido dando cuenta de que cada decisión que tomamos, incluso las más pequeñas, nos abre la posibilidad de vivir otras vidas dentro de la propia, de la única, de la nuestra.

A mi mente acude presta la idea de aquellos grandes templos y edificios antiguos construidos sobre otros mucho más viejos, compartiendo cimientos y generando capas y más capas de Historia. ¿No es acaso eso la vida? Siento que he vivido varias: en lo laboral, en lo personal, en los afectos y también en los espacios que he habitado. Todo eso ha ido generando un poso sobre el que he seguido construyendo quién soy. Escoger dónde, cómo y con quién quiero vivir ha implicado dudas, renuncias y, sobre todo, riesgos.

Una de esas decisiones fue regresar al medio rural, un entorno que me conecta con mis raíces, pero que también representa grandes dificultades. Quienes optamos por quedarnos o volver al pueblo sabemos que no es tan fácil como parece y que, a pesar de los discursos optimistas que muchos repiten una y otra vez, querer no es siempre poder.

Hace un año, a punto de cumplir 28 años, escribía una columna en este mismo periódico con un sentimiento muy distinto al que me inunda ahora. Arrastraba entonces esa sensación amarga e inevitable de desarraigo.

El reencuentro esta semana en el VII Curso de Periodismo de Alcañiz con una antigua compañera de la Universidad me lo confirmó: ella recordaba cuánto hablaba sobre mi anhelo de volver al pueblo. Escucharla me hizo pensar en lo lejos que estoy de aquella Alicia de hace apenas un año. Hoy tengo los abrazos más cerca, las personas que quiero a mi lado y la posibilidad de trazar mi camino desde un lugar al que siento que pertenezco.

Soy consciente de que no todo el mundo puede elegir con esa libertad. Por eso valoro este presente. Todo lo vivido —esas otras vidas— me han traído hasta aquí. Y aquí espero seguir, construyendo, como cada cuál, una vida sobre las ruinas de quien he sido o, mejor dicho, de quien sigo siendo.

Alicia Martín. A quien quiera leer