La llamada Transición Justa en Andorra se ha convertido en el mayor fraude político y económico de los últimos años. Mucho ruido, sí: ruedas de prensa, fotos, titulares grandilocuentes… pero de nueces, nada. Ni una. Y aquí no solo ha habido engaños: ha habido embaucadores. Embaucadores de personas necesitadas de soluciones reales, no de discursos vacíos. Embaucadores que llegaron prometiendo futuro y se han marchado con la tranquilidad de quien no vive aquí, de quien no depende de este territorio y no va a sufrir las consecuencias de su propia negligencia.
Lo que se vendió como una oportunidad histórica para realizar un cambio de modelo económico hacia un modelo más sostenible y ecológico ha terminado pareciendo otra cosa: un negocio político y económico para unos pocos. Los papeles están llenos de bonitos colores, mapas y powerpoints; la realidad, en cambio, está llena de persianas bajadas, proyectos paralizados y familias sin alternativas.
Lo peor de todo es que uno ya se empieza a plantear no si el plan era insuficiente, sino si realmente ha existido un plan más allá del papel, porque todo apunta a que quizá el único plan fuese la desaparición de la Comarca tal y como la conocemos.
Una comarca no prospera con discursos; prospera con hechos. Vamos a poner un par de ejemplos de iniciativas que dependen del Estado: Se necesita agua pero la elevación de aguas del Ebro no se hace. Sin agua no hay industria, agricultura, ni vida. Se necesitan infraestructuras para atraer inversiones, pero la A-68 duerme el sueño de los justos desde hace 20 años.
No podemos callar más, no podemos quedarnos en el sofá, porque lo que está en juego no es un proyecto administrativo: es nuestro futuro. La alternativa es la desaparición. Queremos elegir dónde vivir.
Antonio Donoso. Teruel Existe / Andorra

