La nadala es el nombre que se da, en catalán o valenciano, a un villancico o a una canción o felicitación navideña. Y es que celebro la Navidad a pesar de que no hay ningún motivo político internacional –o nacional– para celebrar nada y ya saben ustedes que generalmente escribo sobre esas dos temáticas que últimamente están presididas por la dureza de corazón, la corrupción más vergonzante y el deterioro y decrepitud de la democracia y los derechos humanos. Por tanto, demos un paseo estoico por los motivos y noticias que iban a alimentar mi logoi esta semana, como lo han hecho en todo el año 2025 que acaba (con mal pie).

Empecemos con Trump, esa personalidad límite, entre el histrionismo vulgar, el alcoholismo narcisista y agresivo, la prepotencia psicótica de un Calígula y el obsesivo amor al dinero de un Shylock. Su buena sintonía con otro espécimen peligroso, Putin, está haciendo entrar a Europa en la hora más decadente y corrosiva desde el final de la II GM. Tras Ucrania y Gaza, lo último es el acoso a Venezuela, con un ojo puesto en el petróleo y otro en la doctrina Monroe de hacer grande a América (nombre de todo un continente que desean dominar en exclusiva los EE. UU. de Donald).

Mientras el acoso y derribo de la UE emprendido por Trump va cosechando éxitos, la ultraderecha consigue extenderse como una epidemia por todo el continente y también en España, gracias a la connivencia miope que le prestó el PP (lo que ha sido como amamantar a una serpiente de cascabel).

Si ponemos el foco más corto, tampoco es para tirar cohetes: los narcos venden ya la heroína en cómodas pastillas, formato que atraerá a muchos jóvenes de una generación desorientada y descontenta que se alimenta del veneno lento de las redes y que no sabe razonar si no consulta la pantallita omnipresente. Los chicos le llaman «tomar un rebujito», una papelina con una explosiva mezcla de heroína y cocaína.

Lo último en las redes (TikTok, Instagram y otras) es el sadfishing en castellano, publicación emocional en las redes sociales que ofrece muestras de profunda y lacrimógena tristeza y sufrimiento, para atraer la atención emocional más masiva posible y los likes consabidos de los que se alimenta el nuevo narcisismo.

Y para cerrar este artículo, una noticia que clama sobre el espíritu navideño (creo que es de amor, concordia y acogida): en Badalona, después del desalojo de inmigrantes que dormían en el B9 –un antiguo instituto en desuso–, una parroquia de la ciudad decidió aceptar a quince de ellos en un espacio habilitado para evitar que durmieran a la intemperie, bajo un puente, en estas fechas. Pues bien, doscientos vecinos de un barrio badalonés impidieron que se diera alojamiento a los inmigrantes, con gritos en contra de la delincuencia y la inseguridad que suponía para el barrio el alojamiento de esos 15 inmigrantes. Este año quizá el Niño Jesús decida volver al vientre de su madre antes que abrir los ojos en este mundo.

Alberto Díaz Rueda. LOGOI