No hay que normalizar la falta de servicios, tampoco acostumbrarnos a estar en desigualdad ni idealizar la vida en el medio rural. Sin embargo, flaco favor hacemos a nuestros pueblos vendiendo una imagen catastrofista y deprimente de ellos. ¿Quién va a venir a una zona de la que parece que solo salgan lamentos?
Hemos normalizado que suenen más fuerte las noticias sobre el cierre de comercios y aulas, de reducción de consultas sanitarias o supresión de líneas de autobús. Y aunque hay que seguir poniendo el grito en el cielo por ello y se tiene que atajar de raíz, no debemos olvidarnos de lo bueno. Asociaciones culturales que comienzan a florecer, innovadores proyectos que recuperan dances, lenguas y caminos, trabajos de escolares que son referentes o hijos del pueblo que como atletas, artistas o médicos llevan el nombre de nuestras comarcas por todo el mundo.
Los que vivimos aquí lo hacemos por convicción, no porque no tengamos otra opción. Por calidad de vida, cercanía a nuestros familiares, amigos y raíces es donde de verdad queremos estar. La mayoría de nuestros padres y abuelos han vivido siempre en el pueblo y apenas pudieron salir. Sin embargo, mi generación ha tenido la oportunidad y la suerte de estudiar y vivir fuera, y aún así, muchos hemos comparado y decidimos volver a casa. Por algo será, ¿no?
Estamos lejos de todos los servicios, a una hora y media de un hospital para los habitantes de La Iglesuela del Cid, a 50 minutos del instituto para los vecinos de Pitarque o a 30 minutos del colegio para los niños de Tronchón. Lejos también de autovías y carreteras principales, alejados de una gran y diversa oferta cultural o de cadenas de supermercados. Sin embargo, con unos buenos comercios locales en tu municipio o los de alrededor se echa poco en falta.
Quizás nos falte lo más importante, creérnoslo. El orgullo rural que suena muy bien, pero que a veces nos cuesta sentirlo y hacerlo ver. Estamos donde queremos y no se está tan mal.
Nerea Altaba. La última palabra


Más claro el agua en vez de tanto quejarnos tenemos que valorar los servicios de cada pueblo y comprar en las tiendas cercanas para que puedan seguir abiertas. No solo para cuando nos falta una caja de leche. Tanto se ahorra por comprar en una grande superficie.
Muy bien dicho tenemos que aprobechar los servicios que tenemos y no lamentarnos tanto
Pagando los mismos impuestos (IRPF, IVA, Patrimonio, Circulación, Transmisiones, etc) los servicios que debería devolver el gobierno, son muy inferiores a los que recibe el que está en el Paseo de la Casatellana, en el Paseo de Gracia o en el Paseo al Mar, Teruel debe exigir al gobierno la reducción de impuestos tal y como está aprobado por la Unión Europea para las regiones con muy baja densidad de población y que ningún gobierno hace porque perjudica a Cataluña, Valencia y Zaragoza
Toda la razón, muy bien dicho.
Solo hace falta creernos que con lo que tenemos, y que tanto han cuidado nuestros antepasados, podemos vivir la mar de bien y orgullosos de ello. Igual no hace falta tanto ese último tren prometido de desarrollo industrial y de millones de euros que no los vamos ni a ver.
Toda la razón no estamos mal sino preguntad a los que viven en ciudades grandes, cuanto cuesta las guarderías para niños, aquí tenemos ayudas para niños mayores etc,