Ya no sé si nuestro mundo está completamente loco, si vivimos en una realidad distorsionada propia de una película mala de ciencia ficción o si de verdad hay quien está dispuesto a apaciguar los ánimos con un fondo y espíritu verdadero, pero no dejan de sorprenderme esas rasgaduras de vestiduras tan tremendas condenando el ataque al acto de Trump. Se nota mucho el corporativismo de los periodistas, que era una gala con la prensa y el episodio ha sido narrado cual epopeya; ni el paso de las Termópilas tuvo narrativas similares. Luego ves la realidad y, como todo lo que llega últimamente de Estados Unidos, deja más dudas que certezas.

Sinceramente, y siguiendo la trayectoria de la actualidad política, ¿alguien de verdad no comprende que las acciones desatadas por Trump y su gobierno criminal no pueden acarrearles consecuencias de este tipo? Y no es cuestión de condenar o no, vamos a ver y debemos dejarlo claro: han secuestrado a un jefe de Estado, han matado a otro, iniciaron la guerra de Irán bombardeando un colegio de niñas, matando a más de 150 en una matanza corroborada por organismos internacionales independientes, una potencia que luego es capaz de hacer operaciones quirúrgicas milimetradas, potencia cuyos dirigentes son corresponsables del genocidio en Gaza. Han impuesto una dialéctica de exterminio e insulto: Milei, Trump, Bolsonaro; hasta en España agitan los mítines los de Vox con recuerdos para la madre de Sánchez, y ahora se piensan que todo esto es un juego que no iba a traer consecuencias. ¿De verdad?

Vergüenza siento del falso patriotismo de Abascal y Feijóo avalando toda esta locura, son traidores a la patria, lo digo así de claro. Vete a saber quién los financia y paga para que no hayan dicho ni mu de todas las mega locuras de ese demente senil que gobierna y destroza el mundo desde la Casa Blanca con su colega Netanyahu, pero ahora se quejan de la violencia política, violencia que han generado desde sus políticas violentas e irresponsables.

Esto no es un juego, señores. Son tipos multimillonarios ganando dinero a costa del dolor ajeno; es una élite mundial al servicio de intereses espurios, y en España tenemos gente al servicio de ellos. Denunciarlo lo considero una obligación moral. Para que no haya violencia política tiene que haber responsabilidad, pero lo primero de todo es aclarar, para aquellos que tengan dudas, la calaña de personajes de los que estamos hablando.

Hay cosas opinables, matices, pero los insultos reiterados, graves y públicos los están haciendo unos jefes de Estado determinados, porque aquí no podemos decir «son todos iguales» y toda esa retahíla habitual que empleamos para justificar determinadas cosas. Por eso, pena por todos estos ninguna, ni ahora ni nunca: son enemigos de los pueblos y de la gente humilde, yo lo tengo claro y no voy a cambiar ni me voy a apiadar de reputados criminales.

Víctor Puch