Si en julio reclamábamos una solución para la central térmica de Escucha, hoy queremos mirar hacia Aliaga, porque su central térmica representa una oportunidad que todavía estamos a tiempo de aprovechar.

La historia reciente debería servirnos de aprendizaje. La desaparición de la central de Andorra supuso una pérdida irreversible para la comarca y para todo el Bajo Aragón Histórico. Con sus grandes instalaciones desapareció también la posibilidad de convertir aquel extraordinario conjunto industrial en un nuevo recurso cultural, artístico, científico y económico para el territorio. Ahora, es posible que ocurra lo mismo con la de Escucha después del reciente rechazo por parte del Gobierno de Aragón a iniciar un expediente de protección patrimonial para la central de Escucha.

No podemos repetir ese error.

Aliaga debería aspirar a convertirse en una referencia aragonesa en arte, innovación e investigación, aprovechando la singularidad de su arquitectura industrial y el enorme potencial de sus espacios. Un lugar para la creación contemporánea, las residencias artísticas, la investigación científica y tecnológica, la experimentación y el encuentro entre cultura, ciencia y territorio.

La propia central podría convertirse en parte de la obra y del proceso creativo: un gran laboratorio contemporáneo instalado en una infraestructura concebida para transformar energía y que ahora podría convertirse en un espacio para transformar conocimiento.

No necesitamos otro museo que explique lo que ya sabemos. Necesitamos imaginar qué puede llegar a ser Aliaga.

Para ello hace falta un proyecto ambicioso, con estudio de las estructuras y posibilidades de rehabilitación, definición de usos y una estrategia de financiación que implique al Ayuntamiento, la Comarca, la Diputación de Teruel, el Gobierno de Aragón, el Estado y la Unión Europea, junto con universidades, centros de investigación, instituciones culturales y empresas.

Andorra nos recuerda lo que perdimos. Escucha nos obliga a decidir qué queremos conservar. Aliaga nos ofrece la oportunidad de demostrar que el patrimonio industrial puede ser también una infraestructura para el futuro.

No podemos perder más.

Tenemos que dejar de preguntarnos qué fue la central de Aliaga y empezar a preguntarnos qué puede llegar a ser.

Cristina Marín. CHA / Aliaga