Desde Please Please Me (su primer álbum), fue un no parar, unos meses de un hacer frenético para la banda: cuatro discos, una gira agotadora y todo el éxito del mundo. El éxito también cansa y, sobre todo, exige, y una de esas exigencias era sacar material nuevo.

Es posible que este ritmo sin descanso fuese lo que les llevó a publicar un álbum en el que incluyeron, de nuevo, composiciones de otros músicos. Como siempre, estas versiones son fantásticas. El hecho de que no hicieran un disco íntegro con composiciones propias no supuso un retroceso; su música había evolucionado, y se nota un plus de calidad respecto a los álbumes anteriores. Además, seguía siendo un producto fresco que rezumaba esa alegría de vivir que les acompañó durante toda su carrera.

Mi canción de hoy es la que abre el álbum Beatles for Sale. En esta ocasión, me veo caminando por las calles del Poble Nou de Manresa, junto a mi amigo Marc Prat Cases. Es como si, al escuchar No Reply hoy, después de tanto tiempo, esta canción me hubiese invitado a mirar por un mágico catalejo, en esa mirada circular, me veo adolescente junto a Marc.

De repente, el círculo cataléjico se expande hasta desaparecer, y allí estamos, pasando por la calle Barcelona en un día soleado. El olor a galletas de la fábrica nos llama a entrar y comprar, por una moneda, un cucurucho de recortes de galleta. Cucurucho en mano, continuamos nuestro camino y nos da por cantar.

Oigo nítidamente la voz de mi amigo a mi lado, entonando No Reply. Oigo nuestro canto unísono, utilizando aquel idioma inventado que habíamos creado por la falta de inglés en nuestras conexiones neuronales. ¿Qué día dejamos de cantar juntos? No lo recuerdo, pero en ocasiones, como hoy, lo echo mucho de menos.

Sin poder evitarlo, la corriente te arrastra río abajo. Es inútil luchar contra ella. Con el paso del tiempo, el flujo se acelera y dejas de tocar el fondo con los pies, ahora eres consciente de su brutal fuerza que, serpenteante, te conduce en un viaje desconocido y solitario.

En este transcurrir, vas dejando pedazos de ti en la orilla que ya no has de volver a rozar, trozos de vida que nunca recuperarás. En ocasiones, el sonido de una canción te regala ese catalejo pirata que, por un momento, te deja mirar a través de él aquello que se quedó en un remanso del recorrido y, con suerte, puedes volver a abrazar a aquel amigo que se quedó en la orilla del río de la vida.

Coco Balasch. Mi canción de hoy