La carretera de Bujaraloz a Caspe desde tiempos de Maricastaña ha tenido que serpentear hacia el Ebro bajando de la planicie de los Monegros al Bajo Aragón. Tras grandes rectas esteparias propias para generar confianza al volante, y multas por exceso de velocidad, llegaba el descenso penetrando un valle con pinos que llamamos Valdestrecha, nombre bautizado por la sabiduría popular con toda la razón por su escasa anchura, claro. Era una sucesión de curvas de las llamadas peligrosas en las que se te iba el coche a saludar a la cuneta y besar a los pinos, incluso llevando un camión cargado de cajas de cerveza, aunque no hubieras bebido ni una.
Los conductores que usaban Valdestrecha llevaban décadas pidiendo que se enderezara y ampliara Valdestrecha. En mi niñez, siglo pasado y bien pasado, ya oía a los chóferes veteranos tristes historias ocurridas en ese tramo de unos cuatro o cinco kilómetros de bello paisaje poblado de pinos.
Por fin llegó el 2026 y la tercermundista carretera en el tramo de Valdestrecha iba a ser historia. Algún ingenuo, como servidor mismamente, pensamos que un nuevo trazado recto y amplio nos iba a alegrar más, por ejemplo, la llegada a Caspe desde Zaragoza. Ingenuidad, candidez, inocencia, poca memoria de otras obras públicas. (Piénsese en la carretera de Caspe a Alcañiz con infinitos kilómetros de raya continua quizá con la buena intención para remansar el trayecto). Eso, ingenuidad.
Acaba el verano de 2026 y están echando ya la capa de rodadura. He contado las curvas que han quedado: ¡¡¡trece!!! Bien es verdad que son más amplias, más gorditas, sinuosas, femeninas y hasta divertidas para los buenos conductores. Quiera Dios que las clotoides, («las curvas matemáticas cuya curvatura aumenta de manera lineal con la distancia recorrida»), se hayan calculado bien porque son una tentación para aumentar la velocidad cuesta abajo girando el volante como abrazando el paisaje amorosamente.
La renovación de Valdestrecha ha sido una desilusión, quizá por ser muy deseada. Pero sus trece curvas pueden ser muy peligrosas si no se extrema la señalización. El sueño de que Valdestrecha se enderezaría se ha quedado en sueño. ¡Que nadie se duerma, que puede ser acunado por las redondeadas cunetas!
Miguel Caballú

