Hace ya unos días, en pleno scroll infinito, me topé con una publicación de la Comarca del Bajo Martín sobre el I Concurso de Patrimonio lanzado por la entidad. El certamen, restringido al ámbito de los nueve pueblos que la integran, tenía un objetivo claro y a la vez ambiguo: poner en valor todo lo que cabe en esa bonita y compleja palabra que llamamos «patrimonio».
Soy de las que creen que cada pueblo tiene algo que lo distingue y lo hace único. Por eso, instintivamente me puse a pensar qué hace único al mío y, a su vez, qué es en realidad eso a lo que llamamos "patrimonio".
Acudí presta, como hago en innumerables ocasiones, al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. En su primera acepción, resalta: "Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes", entendiendo "hacienda" como "conjunto de bienes y riquezas que alguien tiene". Por tanto, la definición de "patrimonio" bien podría ser: "el conjunto de bienes y riquezas que alguien ha heredado de sus ascendientes".
Es decir, casi todo. Casi todo lo que tenemos –y somos– lo hemos heredado: nuestras costumbres, el acento con el que pronunciamos las palabras, los gestos cotidianos, las recetas que se preparan sin necesidad de mirar un libro o los ritos que repetimos cada año aunque ya no recordemos su origen. Todo eso es también patrimonio. Es la herencia invisible que se transmite sin papeles ni testamentos, la que se cuela en la memoria colectiva y mantiene viva la identidad de un lugar.
Pensé entonces en mi pueblo: en la plaza donde todos se conocen, en las voces que resuenan en las calles, y en las fechas en las que nos unimos para celebrar. Patrimonio es también la manera en que nos relacionamos, la historia compartida que se teje entre generaciones, la emoción y el orgullo que sentimos cuando escuchamos el nombre de nuestro pueblo en otras bocas.
Y me hice una última pregunta: ¿cómo capturar todo esto en una sola imagen? Quizá no se pueda. Pero el solo intento, ese mirar con atención, recordar, valorar y reflexionar sobre quienes somos, es también un acto de conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio.
Alicia Martín. A quien quiera leer

