Los años van pasando en Caspe, normalizando ya que en mayo, junio, julio y agosto se viva una sucesión de agresiones, hurtos, violencia e inseguridad. Más aún de lo que estamos acostumbrados. La campaña de la fruta atrae a miles de personas. La mayoría, trabajadores, pero no todos. Estos últimos, varones en edad de trabajar, pasan el día deambulando, buscando su oportunidad de liarla.

En mayo se hicieron notar. Peleas, batallas campales a puñetazos, con botellas o con lo primero que pillan. Da igual que sea martes o sábado, que nos encontremos en el centro o en los barrios. Hasta en dos ocasiones la semana pasada, yo mismo intenté entrar en comercios del centro y me los encontré cerrados en horario laboral. El motivo, según los propios comerciantes, es que hay demasiada gente ‘rara’ que no compra nada, pero que, si puede, se va con los bolsillos llenos. Es la realidad de Caspe hoy. No les queda otra que cerrar con llave hasta que ven clientes de verdad. ¿Tenemos que normalizar vivir con miedo?

Más allá de peleas, el día anterior a la fiesta del cordero del pueblo musulmán, se incautaron hasta 7 corderos en vehículos diferentes sin guías, sin identificaciones ni documentación. ¿Robados? Ya se verá. También se sucedieron a finales de mes dos agresiones con arma blanca y otro coche calcinado. Y tan normal, ¿verdad?

Pasear por el centro de Caspe cruzándote con un vecino de cada 30 o 40 personas es la tónica habitual. Cada vez más caspolinos de cuna estamos hartos de no reconocer nuestro pueblo.

Solo un Gobierno nacional de Vox, con políticas contundentes frente a la inmigración ilegal, podrá conseguir que ciudades y pueblos recobren su esencia. Recuperemos España, con una población inmigrante que podamos asumir, con la voluntad de trabajar e integrarse. Para quienes han venido a hacer del delito su forma de vida, billete de vuelta y deportaciones masivas.

Cerrando el artículo me están entrando mensajes de un posible asesinato. Dios quiera que no estén en lo cierto.

Germán Sanz. Vox / Caspe