Un inédito porcentaje creciente de jóvenes varones de los 18 a los 29 años y (sorprendentemente) de chicas también, siguen la orden simbólica de «¡vista a la derecha!». Y se declaran a la derecha del PP. El dato ha cogido con el paso cambiado a la sociedad española, que ya en las últimas elecciones asistía —sin querer creérselo del todo— a un auge de la ultraderecha. Esa especie de «revolución» socio-política —que causa asombro y estragos en muchos países europeos— forma parte de la deriva autoritaria global que apoya y avala Trump, el agresivo fantasmón de allende el Atlántico.
Los jóvenes se comparan a sus padres y añoran un mundo que desapareció: las abundantes páginas de anuncios de demandas y ofertas laborales, el pluriempleo, los pisos económicamente viables o «protegidos». Todo es más caro, los sueldos en general no llegan, cuando los hay, y la democracia liberal estalla por los remiendos de la corrupción, la retórica y los insultos, mientras escasean las salidas profesionales. Los inmigrantes abundan y los jóvenes creen que les quitan el pan y el trabajo —lo que es un embuste político descarado— y sólo ven el futuro a través de las mentiras y exageraciones de una combativa y creciente ultraderecha. Por primera vez, desde los fascismos residuales de los 50 y 60, nunca había habido tantos jóvenes escorados hacia el populismo más primario.
Ni tras la crisis económica y de las derechas nacionales de la primera década del siglo XXI había habido tanto simpatizante joven de la cruz gamada y los modos agresivos de los que gritan y mienten a ritmo de desfile paramilitar y banderas nacionales o comunitarias, mientras abominan de los ‘patios de Monipodio’ de los Diputados y Senadores del país (esto último con razón). Los partidos tradicionales no parecen capaces ni interesados en resolver los problemas de los jóvenes y estos les responden con el mayor viraje a la ultraderecha de los últimos 40 años.
La pregunta es: ¿están bien informados o más bien obedecen la manipulación ideológica y política de las redes? Según las encuestas, el 65% de los jóvenes cree que los inmigrantes reciben demasiadas ayudas y el 53%, que su presencia aumenta la delincuencia. En Cataluña, por ejemplo, uno de cada cuatro jóvenes votaría a Vox o a Aliança Catalana. Alrededor del 80% de los jóvenes encuestados usan, con el efecto distorsionador habitual, Instagram, TikTok, YouTube o Twitter para informarse, por encima de los medios tradicionales (y están pegados a sus móviles como si de ellos emanara la verdad y la justicia).
Sumen además la precarización de la sociedad española, con problemas estructurales en el sector laboral y de la vivienda, el nivel creciente de pobreza a pesar del crecimiento económico nacional (tres millones de personas no reciben los alimentos precisos). Todo ello crea un peligroso caldo de cultivo para el crecimiento populista extremo y el descrédito democrático.
Alberto Díaz Rueda


Los jóvenes están abriendo los ojos y no se van a dejar engañar más. Vaya haciéndose a la idea.
Probablemente no haya una causa única como la desinformación, sino un conjunto de circunstancias de las que nosotros, en ocasiones, somos los protagonistas manteniendo un sistema que ya no funciona… pero sigamos celebrando el Black Friday y adorando al grifo de cerveza como máxima fuente de felicidad… que la libertad, como un regalo anticuado, ya no tiene valor