Mientras ayudaba en la descarga de unos periódicos de la década de los 80 y 90 para su trituración, mi deformación profesional me ha arrastrado por las bravas mareas de titulares de otra época e importancia otrora relevante como para ocupar dos renglones de los gordos en la maquetación del diario.

Seguramente no sea tan impactante el haber comprobado que aquellas elocuentes puestas en escena se diferencian de 1991 al 2026 en la ictericia del papel a causa del paso de los años.

Pero me parece interesante darle una vuelta, como suelo habituar en estas líneas. La polarización es rentable. Otra aseveración que tampoco impacta. Tampoco pretendo ejercer de defensor del pueblo ni de lo que yo haría en cuenta como si el sistema fuera maleable de la noche a la mañana. Simplemente me es imposible disfrazar mi tristeza al comprobar que los mismos partidos políticos se llevan propinando bofetadas por completas —y complejas— necedades desde hace décadas.

¿Para qué? Quizás todos los del mundillo nos hemos amoldado a que así debía ser. Las reglas del juego y esas cosas. Los habitantes del hemiciclo posiblemente recurran a una pizca de salseo incendiario porque no todos los miércoles grises hay temas para cambiar el país. La prensa, por su parte, puede llegar a plantearse según qué cuestiones, pero el cierre del día se acerca a velocidad de alquiler, mientras que en televisión falta una pieza antes de dar paso al Rosco de Pasapalabra. En el fondo nadie mira y el día ya oscurece. Y mañana el renglón gordo estará nuevamente vacío, igual que el espacio post anuncios.

Como ya he dicho, ni pretendo ni tampoco creo que tenga la clave para que esos titulares muten en otros temas inevitablemente más creativos. Aunque quizás sea un ejemplo gráfico que nos ayude a ubicar ciertos asuntos más en perspectiva, un saco de trinchera en vez de un miliciano con su fusil presto a disparar.

El Gobierno de España disolvió las Cortes y convocó elecciones anticipadas. Por la tarde fui a nadar.

Rubén G. Bielsa