El reto de la vivienda hace días que ha llegado más allá de las grandes capitales. Lo tenemos incluso en algunas zonas de Teruel, quién lo diría, zona cero de la despoblación del siglo XX. Desde las instituciones tenemos que verlo como la debilidad que es, pero también como una oportunidad para que nuestros pueblos sigan prosperando.

El pasado primero de mayo, tras visualizar un vídeo de Instagram sobre los altos precios de los alquileres en Teruel ciudad, los cuales se achacaban a la llegada de trabajadores del aeropuerto, me puse a ojear cómo estaba el asunto en el Bajo Aragón.

En un vistazo a una conocida página de anuncios inmobiliarios, saqué dos datos que pueden servir para resumir el panorama: para un piso, como se dice, «normalito» en Alcañiz el precio medio es de 700€ y en el resto del Bajo Aragón, sobre 500€. Afrontarlo es, sin duda, uno de los mayores retos para los trabajadores en estos días.

Además de dar a notar que hay anuncios que me parecen verdaderos abusos, en cada pueblo hay distintos fenómenos que hacen que los alquileres y ventas tengan este precio tan elevado. Por ejemplo, en zonas cercanas al Matarraña influye el turismo. En la zona cercana a Andorra una causa son los trabajadores llegados para montaje de paneles fotovoltaicos, porque aunque algunos ya se han ido, los precios se han mantenido.

El que sí podría ser un factor de escasez común en casi todos los municipios es la baja rehabilitación del casco histórico: hay vivienda en venta, pero bajo el condicionante de una fuerte rehabilitación o incluso su demolición y reedificación.

Y en este punto es quizá donde está la diferencia con las décadas anteriores. ¿Cuánto cuesta la demolición de un inmueble viejo? Si nos ponemos a sumar, entre proyecto de demolición, el derribo y el coste de la gestión del escombro, especialmente en pueblos lejanos a vertederos autorizados, nos habremos puesto en unos 60.000€ sin haber puesto un ladrillo.

Este asunto dificulta enormemente la creación de vivienda y la regeneración de los centros urbanos. Es necesario o bien relajar la presión fiscal sobre los derribos en cascos antiguos, o incentivar la rehabilitación desde los gobiernos.

Como territorio tenemos que ser capaces de sacar una ventaja doble de esta oportunidad actual, por el presente de las personas que necesitan vivienda y por el futuro de los pueblos que necesitan un arreglo además de fijar población.

Gerardo Villarroya. Teruel Existe / Alcorisa