Recientemente, y más concretamente el pasado 20 de diciembre, el Gobierno de Aragón, a través del Instituto Aragonés de Fomento, y con la colaboración de los cuatro agentes sociales autonómicos, CC.OO. Aragón, U.G.T. Aragón, CEPYME Aragón y CEOE Aragón, hacía entrega del sello de Responsabilidad Social de Aragón (RSA) a un total de 213 entidades aragonesas, de las que tan solo 13 de ellas eran de nuestra provincia.
Este sello no es un asunto baladí, ni mucho menos. Se trata de un reconocimiento que tanto las entidades privadas, a través de los agentes sociales, como el propio gobierno autonómico, realizan a aquellas organizaciones y empresas privadas, que incorporan en su actividad diaria buenas prácticas y nuevos hábitos en materia de sostenibilidad; hablamos de biodiversidad, modelo económico sostenible, buenas prácticas en innovación responsable, compra pública sostenible, conciliación de vida laboral y familiar, transparencia, igualdad y empleo y un largo etc.
El objetivo que se pretende con la obtención de este distintivo está basado en una política empresarial que se fortalezca con unos códigos de ética-conducta donde se mejore su imagen y reputación y a la vez, gane valor ante los propios empleados y ante la sociedad a la que vende sus productos. La RSE, desde no hace mucho tiempo, se está incorporando a empresas e instituciones de todo tipo a un ritmo bastante acelerado y en su desarrollo se están generando una serie de actividades muy diversas de carácter normativo y regulatorio, tanto a nivel nacional, como de comunidades autónomas.
Por todo lo anterior, quisiera a través de estas líneas, animar al empresariado turolense a realizar un pequeño esfuerzo para adherirse a este sello RSA, necesario en la interrelación que las empresas deben mantener con su entorno y a la hora de competir en las contrataciones públicas, sabiendo además, que son precisamente los empresarios turolenses los más comprometidos con su tierra y con el desarrollo socioeconómico de nuestra provincia.
Como digo, el empresario turolense ha demostrado a lo largo de la historia una gran implicación con el conjunto de la sociedad que le rodea. Quizá sea ésta una de nuestras fortalezas, la cercanía con nuestros conciudadanos, nuestro compromiso social y territorial, el trabajo conjunto para el desarrollo y la mejora de nuestras condiciones de vida…, virtudes todas ellas, que constituyen en definitiva, la responsabilidad social. Por ello, me permito lanzar este mensaje de ánimo a nuestros empresarios, en la seguridad de que la obtención de este sello, que certifica las buenas prácticas en material social, les resultará un proceso práctico y ágil, a la par que interesante y casi diría necesario para su futuro más cercano.
No quisiera finalizar este pequeño artículo, sin hacer un llamamiento a las grandes corporaciones empresariales, que son precisamente, como suele ser habitual, y dados los medios de que disponen, las que antes implementan este tipo de procesos encaminados a la obtención de determinados sellos o certificados, ya sean de calidad, de seguridad, o como es el caso que nos ocupa, el de responsabilidad social y sería de agradecer que aplicarán políticas y criterios sociales a la hora de hacer inversiones y aperturas de nuevos centros de trabajo. Quiero remarcar estas palabras en la lucha que la organización empresarial que presido está llevando a cabo contra la despoblación que padecemos.
No me cabe duda de que si cualquiera de las grandes empresas de nuestros país tuviera que realizar una inversión, pongamos por caso en un "call center" de atención al cliente, esta tendría un mayor impacto, ya no solo social, sino incluso económico, si se ubicara en cualquiera de nuestros pueblos del medio rural en lugar de en cualquier área metropolitana de nuestro país. La inversión para esa empresa sería casi con toda seguridad menor, y el impacto, como digo, desde todos los puntos de vista, incluyendo el económico, infinitamente mayor.
La mejor responsabilidad social que podrían aplicar, y que se debería demandar, a las grandes corporaciones empresariales de nuestro país, sería contribuir al sostenimiento y la supervivencia del medio rural a través de inversiones sostenibles social y económicamente.
La responsabilidad social es de todos, involucrémonos para mejorar nuestra calidad de vida.
*Carlos Torre - Presidente de CEOE Teruel

