Han estado sirviendo a la ciudad de Caspe y a sus habitantes desde el 15 de julio del año 1900. Durante 126 años, a caballo de tres siglos, han derrochado amor, acogida y consuelo a las gentes de Caspe y su entorno. Más de 4.000 personas han recibido su amparo y hospitalidad, la mayoría caspolinos. El Padre Saturnino, que puso la base para la fundación de la Congregación, decía en una de sus máximas: «La virtud del silencio consiste no tanto en callar siempre, sino en no hablar sin necesidad». Pido perdón, pero yo en estos tristes momentos necesito hablar… para agradecer.

Las Hermanitas empezaron su labor en Caspe en una casa comprada por una monja natural de la ciudad, al lado de la iglesia de Santa Lucía. Vinieron ya con generosidad, sin pedir nada a cambio. Hoy, 126 años después, la Residencia, con todas sus edificaciones e instalaciones, la iglesia de «Mosén Gravas», las cocinas, el huerto… es un complejo asistencial ejemplo de construcción útil y pensada, poniendo en valor la cultura del mantenimiento, limpieza y orden.

El eje sobre el que gira actualmente son las Hermanitas, con la labor generosa de 40 empleados. Solamente quedan cinco hermanitas: la madre sor Rosario Fernández (de Valladolid) y las hermanas Josefina Martínez, Carmen Franco, Carmen Herreros y Marcelina. Se las ven y se las desean para atender de la mejor manera posible a 76 residentes, 49 mujeres y 27 hombres. Las Hermanitas «sienten enormemente tener que dejar a los abuelitos de Caspe», porque desde antiguo, me dicen, que la gente de Caspe es muy buena y merece todo su esfuerzo y amor.

Por su voto de obediencia desconocen todavía dónde van ellas, y por discreción no saben cómo va a ser el futuro de la Residencia, aunque están al habla con empresas o fundaciones privadas para la continuidad. Han querido que siga abierta la Residencia. Les preocupa sobremanera que queden bien los empleados y que los residentes puedan seguir gozando de libertad para entrar y salir, dispongan de las máximas atenciones… No se van por falta de recursos, sino por falta de vocaciones. Solo hay 3 postulantes o novicias en toda España.

Caspe y la Comarca deben entenderlo y asumirlo, pero no pueden cruzarse de brazos sin intentar que continúen o sin manifestar su gratitud. Si la Residencia cambia de propiedad y gestión, cosa totalmente probable salvo una reacción popular de envergadura, aunque ellas no quieran «una gran movida», creo que la población debe rendir más que un homenaje a una Congregación que en tiempos de guerra o paz, de austeridad o riqueza, ha desarrollado una labor que ahora se dice «social», pero siempre ha sido de compromiso y solidaridad con sus semejantes, sobre todo los más desfavorecidos. Gracias, Hermanitas. Dios se lo premiará y espero que mis paisanos de Caspe también.

Miguel Caballú