Hoy, 23 de abril, celebramos el Día de Aragón, un día que trasciende lo festivo para convertirse en un ejercicio de memoria, identidad y orgullo compartido. Es también un día de compromiso con nuestra tierra, con lo que somos y con lo que queremos seguir siendo.
Es el día de San Jorge, símbolo de valentía, de lucha y de superación, pero también de unión entre todos los aragoneses, vivamos donde vivamos. Porque ser de Aragón no es únicamente una cuestión geográfica, sino una forma de entender la vida. Es una manera de sentir profundamente nuestra historia, nuestras tradiciones y, como pilar fundamental, a nuestra gente.
Aragón es tierra de contrastes, de montañas imponentes y llanuras infinitas, de ríos que vertebran el territorio y de pueblos que conservan la esencia de lo auténtico. Pero, por encima de todo, Aragón somos las personas que lo habitamos. Gente trabajadora, resiliente, con un carácter firme pero noble, capaz de salir adelante en los momentos difíciles sin perder nunca la dignidad ni el apego a sus raíces.
En un día como hoy, es inevitable mirar hacia nuestro Bajo Aragón Histórico, una tierra que representa como pocas ese espíritu aragonés. Sus paisajes, marcados por la huella del tiempo, y sus pueblos, que cuentan historias de trabajo, esfuerzo, sacrificio, constancia y perseverancia. Aquí, el silencio también habla, y lo hace recordándonos que el verdadero valor de Aragón reside en la capacidad de resistir y mantenerse fiel a uno mismo.
El Bajo Aragón Histórico es también cultura y tradición. Nuestras fiestas, nuestra gastronomía y nuestras costumbres, transmitidas de generación en generación, son una muestra viva de lo que significa pertenecer a esta tierra. Dentro de este patrimonio destaca con fuerza la Ruta del Tambor y el Bombo, un símbolo sonoro y emocional que representa el latido colectivo de un pueblo, razones por las que se le ha otorgado la Cruz de San Jorge de la Diputación Provincial de Teruel. Este reconocimiento no solo pone en valor una tradición, sino también el sentimiento profundo que une a quienes la vivimos.
Sin embargo, más allá de lo tangible, lo que realmente define a Aragón es un sentimiento difícil de explicar. Es ese orgullo silencioso que no necesita grandes gestos, esa conexión invisible que une a quienes nacimos aquí con aquellos que, aun lejos, siguen llevando a Aragón en el corazón. Es la emoción al escuchar una jota, el respeto por nuestras raíces y la certeza de que siempre hay un lugar al que volver.
Hoy no solo miramos al pasado; también reafirmamos nuestro compromiso con el futuro. Un futuro que debemos construir sin olvidar de dónde venimos, el lugar al que pertenecemos, manteniendo vivas nuestras tradiciones y defendiendo nuestra identidad con orgullo.
Ser aragonés es entender el valor del esfuerzo, del trabajo bien hecho y de la palabra dada. Es saber que, aunque el camino no siempre sea fácil, existe una fortaleza interior que nos impulsa a seguir adelante.
No podemos olvidar tampoco la importancia de nuestros pueblos pequeños. Esos lugares donde la vida transcurre a otro ritmo, más cercano, más humano. Aquí, las tradiciones no son recuerdo, sino presente vivo; donde cada vecino forma parte de una historia común y donde se aprende el valor de la honestidad y del esfuerzo diario.
Ese espíritu es el que debemos cuidar y transmitir a las generaciones futuras, para que nunca se pierda la esencia de lo que somos, incluso cuando estemos lejos de nuestra tierra.
PORQUE ARAGÓN NO SE EXPLICA, SE SIENTE. SINTÁMONOS ORGULLOSOS DE LO QUE SOMOS.
¡FELIZ DÍA DE SAN JORGE!
Mª Pilar Borraz. Gerente Única de Atención Primaria del Servicio Aragonés de Salud

