Es sabido que Luis García Berlanga, cuando rodaba Bienvenido, míster Marshall, solía hacerse autocrítica diciendo, después de rodar un plano cuyo resultado no le convencía, «vaya cagada».
Todos comprendían la autocrítica del genio, que repetía aquella frase cuando algo no había quedado a su gusto. Tanto usaba esa expresión que no le importó nunca que le acabaran llamando «míster Cagada». Y tal fue así que a sus memorias, escritas en colaboración con Jesús Franco, las tituló, con ironía y complacencia, «Bienvenido, míster Cagada».
Viene toda esta introducción, que a algunos puede parecer escatológica, porque quiero hablar de los sorprendentes fallos que se cometen a veces al rematar una obra bien hecha o una actuación memorable.
Recordemos en Caspe algunos de esos fallos incomprensibles tras realizar buenas ideas.
Por ejemplo, cuando, muy acertadamente, se decidió colocar un busto en hierro forjado de Joaquín Costa, obra de Fernando Gamundi, en la plaza de Aragón, se puso de manera que los que pasaban por la plaza solo veían de él su cogote. Se dio como motivo que el autor del busto dijo que se colocase mirando al agua de la fuente que entonces había en la rotonda, argumentando el interés de Costa por el agua y su utilización en regadíos como fuente de riqueza.
Pero el hecho es que el emplazamiento le hubiera hecho exclamar a Berlanga, si hubiera pasado por Caspe, «vaya cagada».
Otro mal emplazamiento de una estatua ocurrió cuando el arquitecto Llorente colocó la estatua recién esculpida por José Suñé de Fernández de Heredia en un sombrío rincón de la cara norte de la antigua Colegiata.
Ahora luce ya en el arranque de las escaleras que suben a la zona del Castillo.
Otro incomprensible remate de obra fue cuando, al terminar el edificio de los nuevos juzgados de la avenida de Chiprana, se colocó el armario de obra para el cuadro de luces como un pegote en la limpia fachada del edificio.
Afortunadamente, las quejas que algunos hicimos dieron resultado y dicho armario técnico se emplazó en la parte trasera y lateral del edificio, donde no rompe su armonía de diseño.
Últimamente, Berlanga, de pasar por Caspe como su paisano Vicente Ferrer, volvería a su escatológica exclamación, autocrítica e irónica, si viera dónde y cómo se ha puesto la cartela explicativa del interesante mural pintado por Churrero en recuerdo de los actos que tuvieron lugar en Caspe el 4 de julio de 1976 en recuerdo del proyecto de Estatuto redactado en dicha ciudad en mayo de 1936.
Espero se corrija prontamente. Y así todo quedará perfecto.
Alejo Lorén

