El mundo está en guerra, la economía mundial descarrila hacia un periodo de estanflación, la sociedad aumenta los niveles de desigualdad, amenazas de hambrunas asolan países enteros, la salud mundial está en alerta para frenar las próximas pandemias, y las redes sociales y el metaverso amenazan con destrozar las relaciones verdaderamente humanas… Son grandes problemas de nuestro tiempo, pero todos ellos se agravarán si no somos capaces de reconciliarnos con nuestro planeta.

La Tierra es redonda y se mueve, las sociedades avanzan y no podemos pretender apagar la máquina de generar emisiones y seguir viviendo en un plácido mundo o, mejor dicho, plácido Primer Mundo. La transición a un modelo más sostenible conlleva enormes y profundos cambios en nuestro modelo de sociedad, de economía y de comunidad.

El 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra anualmente desde la Conferencia de Estocolmo de 1972. Bajo el lema «Una sola Tierra», este año pretende visibilizar la grave situación en la que se encuentra la perdurabilidad de la vida humana en el planeta.

En estos 50 años, se ha avanzado mucho, especialmente en la última década. Se han dado grandes pasos internacionales en varias Conferencias de las Partes para la reducción de emisiones frente al cambio climático (especialmente significativa fue la COP21 de París). En el marco de las Naciones Unidas, se aprobaron los Objetivos del Desarrollo del Milenio en el 2000, y, en 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que fijan varios objetivos y metas alineados con la consecución de un mejor planeta para las personas que lo habitamos.

En la Unión Europea, desde el establecimiento del principio de «quien contamina paga» y de responsabilidad ambiental a través de la Directiva 2004/35/CE sobre responsabilidad medioambiental en relación con la prevención y reparación de daños medioambientales, se ha realizado un amplio espectro de normativa, desde la creación del mercado de derechos de emisión de CO2 (2005), el objetivo principal de la lucha contra el cambio climático (Tratado Lisboa 2009), hasta la más reciente regulación del Paquete de Invierno (2016), el Green New Deal (2019), taxonomía de la sostenibilidad ambiental (2020), Objetivo 55 (2021) y recientemente el Repower EU (2022). Todos estos avances están encaminados a legislar o establecer un marco de referencia y trabajo seguro para las empresas, personas y el medioambiente en el mercado común

Se puede observar en la prensa, redes sociales y boletines de las compañías cómo en este Día del Medio Ambiente se llenan de noticias, compromisos, artículos y buenas prácticas en materia medioambiental, y se celebra el profundo compromiso con los valores de la conservación de la vida humana. No obstante, en el Día Mundial, es nuestra responsabilidad elevarnos sobre el marketing y el green washing para realizar una reflexión más profunda, calmada, íntima y sincera sobre si, de verdad, en nuestro día a día, todas las personas, empresas y gobiernos estamos alineados con los compromisos del objetivo ambiental.

Cualquier persona o representante empresarial de nuestros días manifiesta su compromiso con nuestro planeta, con la reducción de emisiones y con la protección del medio ambiente; con la salvedad de vergonzosas excepciones que todavía siguen negando los graves efectos que tiene la actividad humana con el incremento de emisiones de CO2 desde la revolución industrial, pero sobre todo desde los años 1950, y especialmente relevante desde 1992 hasta nuestros días.

Según el panel de expertos (IPCC) que estudia el Cambio Climático, desde 1988 las emisiones de CO2 a la atmósfera son tales que es muy difícil mitigar los efectos sobre la vida y deberíamos poner a cero nuestras emisiones de CO2 de forma inminente. Pero, al contrario, año tras año, seguimos incrementándolas.

La protección del medio ambiente va más allá de reducir o eliminar las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, de plantar árboles o de reciclar los productos y que usamos. Nuestra obligación personal y de comunidad es la de crear un sistema de relaciones humanas que sea capaz de generar bienestar global para las personas en un entorno amigable para el Ser Humano.

En este Día Mundial del Medio Ambiente, me gustaría ser optimista, porque donde está el peligro nace lo que nos salva. El desafío que supone para la vida el Cambio Climático debe suponer una motivación especial para personas, empresas y gobiernos para crear un sistema más sostenible desde el amplio concepto del término.

El desarrollo de energías renovables debe ser suficiente, en capacidad y velocidad de despliegue, para absorber el 100% del consumo final de energía actual antes de 2030. Esto supone repensar modelos de vida, producción, consumo y generación de energía, y nos obliga a salir de «la cueva» donde solo somos capaces de adivinar la sombra de nuestra propia realidad.

La investigación, desarrollo e industrialización de procesos vinculados a la economía circular debe ser la máxima de las empresas. Ningún producto debería ser diseñado sin tener en consideración el ciclo de vida completo y ningún residuo debería almacenarse en las cunetas de las carreteras, descampados esplanados convertidos en escombreras o fluyendo en las aguas de nuestros ríos y mares.

La agricultura y la ganadería debe repensarse y reinventarse a modelos ambiental, social, económicamente más viables, con diversidad de cultivos, producción y consumo próximos, reducir y compensar emisiones de gases de efecto invernadero, eliminar por completo los productos biocidas tóxicos para la salud humana y frenar la desforestación de los reservorios naturales de biodiversidad del planeta.

La ciudadanía debe comprender la profundidad del cambio, siendo activos y proactivos en la solución, con propuestas y rompiendo la física clásica newtoniana de la queja por reacción a la acción. Debemos dar, exigir, pedir y crecer como ciudadanía de la Tierra.

Finalmente, los gobiernos y las administraciones deben garantizar, vigilar, velar y exigir que el cambio se realiza a la velocidad que nuestro medio ambiente necesita. No vale esconder la cabeza o refugiarse en el miedo al cambio, a no salir en la foto, a equivocarse, al cese y la pérdida de poder y notoriedad. El tiempo que nos toca vivir es para valientes, ingeniosos, imaginativos y, sobre todo, de quienes sean capaces de ver el objetivo final de una sociedad en paz consigo misma. Liderar este cambio es la tarea más importante que la acción de los gobiernos tiene en sus manos y no pueden dudar.

Esta en nuestras manos cambiar el mundo. Adelante. ¡Feliz Día Mundial del Medio Ambiente!

Jesús Alijarde. Economista y director general de IBERSYD