
Figura, técnica mixta sobre alabastro./ Rubén Vidal
Papá, ¿por qué no jugamos a que éramos una familia normal?
Se me pone cara de HOMPER (Hombre Perplejo), el personaje de Figuerola Ferretti.
Claro… Asalta la duda de qué es una familia normal (para ellas) por comparación con nuestras familias y con otras familias, ¿en qué nos diferenciamos?, ¿lo estaremos haciendo bien?, ¿es bueno o malo ser diferente?
Normal viene de norma como estado natural, habitual. Lo que yo encuentro «normal», ¿no lo es para mis hijas que han nacido en ese ambiente?
Como siempre, los niños con sus preguntas nos hacen reflexionar sobre temas que por convencionalismo, desidia, cobardía o conformismo, aceptamos sin más.
… pero estas dos diablillas se sincronizan, complementan y retroalimentan dando saltos mortales de verborrea e imaginación.
Aparentemente distraída, la peque empieza con un: ¿qué somos? Vasta pregunta que me lleva por una nebulosa abstracta y que corta, una vez aburrida, con: ¿cuándo se es? Les cuento la paradoja de Parménides: si del no-ser no se «es» ¿hemos sido siempre? De alguna manera. No eras tú antes de nacer, aunque lo eras en potencia… y fuiste.
¿Y el soplo divino? Del no-ser se podría ser. Bueno, desde el punto de vista… interrumpe -Mamá dice que somos lo que comemos, y aquí comemos otras cosas ¿somos distintos? ¿Es solo salud? Somos de donde pacemos es la variante cultural… ¿y dime con quién andas…? No soy capaz de contestar. Como una veleta en un remolino, no me da tiempo a recargar las posibles respuestas.
Me pierdo por un instante con Quevedo en su «¡Ah de la vida!»: «...soy un fue, y un será, y un es cansado…». Somos nuestros recuerdos y nuestro ahora y un proyecto. Somos nuestro legado en el prójimo, ¿o es solo alimento para el ego? Deseo de transcendencia…
Bajo de golpe con otra estocada: ¿hasta cuándo somos? ¿Hasta que morimos, hasta que dura nuestro recuerdo? Quizás somos hasta siempre, ya que nos transformamos bioquímicamente en moléculas diseminadas en el espacio.
… ¿y qué es normal? ¡Noooo!
Luego seguimos largamente por la definición de familia con todas sus variedades y ramificaciones animales y vegetales.
Pero, ¡basta! Querían jugar ya, y tras tanto devaneo, me fue desvelada la propuesta del juego que a tantas cuitas me llevó. Se podía formular como: ¿por qué no jugamos a papás y a mamás?
Rubén Vidal

