Darío se nos fue en 2020, fruto de la edad, el buen comer y sus cosas. De su persona tengo muchos recuerdos, todos agradables, pero sobre todo las interesantes conversaciones que teníamos, de vez en cuando, delante de un buen café.
De las cosas que me contó, sobre nuestro Alcañiz querido, o sobre el Aragón que tan bien conocía, quiero destacar una que pretendo llevar a cabo: cuando se acercaba la Semana Santa, año tras año, siempre hablábamos de lo mismo, de cómo recuperar algunos aspectos de la Semana Santa antigua alcañizana, es decir, la barroca, la original.
En la situación actual, con una Ruta del Tambor y el Bombo bien organizada, y el estrellato de Calanda, gracias a la influencia, gigante, y de alcance internacional, del conocido Buñuel, Alcañiz pasa casi desapercibido, pese a considerarse el lugar de origen del uso del tambor en la Semana Santa en toda España, tal y como la conocemos actualmente.
A este respecto nos gustaría dejar claro que la Semana Santa, como la desarrollamos hoy día, tiene un origen barroco, entre los siglos XVII y XVIII, como atestiguan algunas fuentes que atribuyen a Fray Mateo Pestel, cuaresmero de Alcañiz, quién entre 1678 y 1730 sustituyó algunos instrumentos de percusión como carraclas y dobleras, de madera, metálicos y, de todo tipo que se utilizaban en las procesiones, por «tambores destemplados», para simular el estruendo de la naturaleza que acompañó a la muerte de Jesús de Nazaret.
Huelga decir a este respecto ciertas informaciones que existen y que llevan hasta la Edad Media, en diferentes lugares, las celebraciones de la Semana Santa, lo que es una interpretación errónea de lo que eran en el Medievo las cofradías, así como lo que se celebraba en cada una de las tres pascuas que existían a lo largo del año, que nada tienen que ver con las celebraciones actuales. Dejémoslo aquí para no polemizar sobre el asunto, que de todas formas se demuestra, en todo lo descrito, ya que este ritual tamborilero se difundió desde Alcañiz a todo el Bajo Aragón, como lo prueban datos documentales procedentes de Castelserás, así como posteriormente algunos escolapios, procedentes también de Alcañiz, llevaron la costumbre a tierras más alejadas, como la actual Murcia.
Antes de la pandemia llegué a contactar con algunos representantes de las cofradías alcañizanas, que vieron con buenos ojos mi iniciativa, pese a que todavía están por estudiar diferentes aspectos que podrían integrarse en las celebraciones actuales, siempre sin variar su desarrollo, al menos en lo fundamental que se realiza.
Sin duda Darío se sumaría con entusiasmo a nuestra iniciativa, por lo que algún día le dedicaremos lo conseguido, culminando ese viejo anhelo común que nos unía. Queda prometido.
Juan José Barragán. Profesor titular de Geografía e Historia y Archivero del Instituto Histórico de Teruel

