Alguien podría pensar que la recuperación el patrimonio es un objetivo finito. Nada más lejos de la realidad. En Valderrobres quedan aún muchas cosas por hacer y la Fundación Valderrobres Patrimonial seguirá trabajando para llevarlas a buen puerto.
Una de ellas es la salvaguarda del patrimonio industrial, que refleja determinados momentos históricos que, a su vez, ilustran nuestro pasado, dentro del cual las fábricas de papel tienen un protagonismo especial. Valderrobres contó con cuatro de ellas, que comenzaron su actividad en el último cuarto del siglo XVIII, aprovechando la energía motriz de los saltos de agua para hacer funcionar sus artilugios.
La fábrica Gaudó fue la primera y tiene el honor de haber elaborado el papel que Goya utilizó en sus cuadernos de dibujos. Cuando dejó de tener su primer uso, pasó a convertirse en fábrica de mantas y fajas y luego en algo tan prosaico como una granja de pollos. Pero esas funciones alargadas en el tiempo sirvieron para preservarla hasta convertirse ahora en un magnífico hotel, que ha respetado su volumetría y buena parte de sus vestigios fabriles. La fábrica Zurita o Bonica asombra por sus únicas y sorprendentes pinturas estucadas, pero solo conserva poco más que los muros externos y los intentos por darle un uso civil fracasaron. La fábrica Fort o del Roselló se utilizó hasta no hace demasiados años como vivienda o casa de campo y no presenta riesgos demasiado graves. Ahora, el problema más acuciante lo tenemos con la fábrica Roda, que está situada aguas abajo de Valderrobres, en la margen derecha del Matarraña.
Hace unas semanas supimos que esta fábrica, cuyo último propietario fue Fort, iba a venderse para utilizar su piedra una vez desmantelada. El problema de este edificio es que no puede tener usos sociales o económicos compatibles con su ubicación en una zona que habitualmente es inundada por las periódicas crecidas del río. Por ello, la Fundación intentará adquirirlo con el primer objetivo de preservarlo, evitando su total desaparición y, aún a riesgo de no poder impedir un mayor deterioro, dejar para el medio plazo su desescombro y consolidación de muros para que, con todas las medidas de seguridad que sean necesarias, se pueda visitar su interior, donde aguardan agradables sorpresas.
Manuel Siurana. Tierra de frontera

