Con la llegada del verano y las vacaciones nuestras localidades vuelven a llenarse de gente, algunos municipios incluso llegan a triplicar su población habitual. Ante ello, reflexiono la diferencia entre «tener pueblo» y «ser de pueblo». Los primeros creen tener suerte, los segundos realmente la tenemos. Se puede ser de pueblo sin vivir en él, pero el que tiene pueblo, muy raramente vivirá ahí todo el año.

Tener es sinónimo de poseer, tener en su poder. Ser, en cambio, significa formar parte de algo. Invito a hacer la reflexión: ¿Soy de pueblo o tengo pueblo?

Los que son y los que tienen, todo el mundo es bienvenido en un pueblo, no vamos precisamente sobrados de gente. Eso sí, siempre que se valore y respete el municipio y al resto de vecinos, cuando se cuide a quien trabaja para que en el retiro vacacional de algunos siga en pie, con servicios que a duras penas resisten.

Con los brazos abiertos os esperamos a los que no os molesta el sonido de las campanas, el olor de las granjas o el ruido de los tractores y esquilas. A quienes comprendéis que una tienda no puede atendernos las 24 horas ni tener la misma oferta y precios que un gran supermercado. El que entienda que el pueblo es una cadena de favores y que todos los que vivimos en él somos parte de una familia, será muy bienvenido.

Para muchos, seguramente, venir al pueblo sea regresar a las casas y calles llenas de recuerdos donde han nacido sus padres o abuelos, y no hay nada más bonito que volver a ese lugar. Espero que los autóctonos también comprendan que formáis parte del pueblo, que os acojan y tiendan la mano sin haceros sentir como forasteros por no pasar el invierno ahí.

Ojalá que los pueblos estuvieran así de llenos todo el año, con más voces pelando, dejaríamos de tener tantos problemas por la falta de servicios. Ojalá más gente, más convivencia, civismo y menos borreguerías.

Para los que sois y para los que tenéis, en ambos casos, enhorabuena.

Nerea Altaba. La última palabra