Termina la temporada de verano en Andorra y regresa el curso escolar, con la consiguiente vuelta a la rutina y las despedidas de quienes pasan entre nosotros la temporada estival. Atrás dejamos el clamor y la alegría de las fiesta para encontrarnos de nuevo de bruces con la realidad de esta población y esta comarca. Tras el cierre de las minas de carbón y el cierre y demolición de la Central Térmica, la transición justa parece que se hace esperar y los cientos de empleos prometidos, un millar según nos prometió el anterior presidente Javier Lambán en campaña electoral, no aparecen

En los últimos meses hemos vivido dos convocatorias electorales, donde crece la empatía con Andorra, con el cierre de la Central, la pérdida de empleos y población y la languidez de una transición justa que no llega. Los andorranos seguimos echando en falta todo lo prometido tanto por ENDESA como por Forestalia, así como también por las instituciones que supuestamente mostraban preocupación por nuestra situación, incluido el «cariño que nos envió la ministra Teresa Ribera cuando se demolió la Central».

Miles de placas solares se están montando aquí, y su reflejo quizá no nos deja ver con claridad la mínima repercusión en la creación de empleo estable que tienen una vez instaladas. Estas empresas obtienen un gran beneficio y olvidan el compromiso territorial, algo que sabemos bien en esta zona por propia experiencia. La energía está destinada a territorios más desarrollados que el nuestro, donde hay impulso industrial y empresarial, donde se crea empleo y donde nuestros hijos tendrán que emigrar.

Hemos perdido la cuenta de los empleos prometidos, los millones de inversión y las empresas interesadas por instalarse aquí: industrias químicas, minería, biomasa, aserradero de madera, amoníaco verde, biofertilizantes, transformación de residuos en hidrógeno… Pero en Andorra, de momento, no llega nada. Los jóvenes se marchan y la curva de población sigue cayendo.

Antonio Donoso. Teruel Existe Andorra