Como un símbolo de igualdad de nuestros tiempos se está usando el llamado «lenguaje inclusivo», que como todos, todas y todes conocen consiste en usar hasta la extenuación los géneros posibles evitando el denominado «masculino genérico».
No creo que el empleo de este lenguaje usado de forma reiterada y cansina ayude a la igualdad de géneros y ni que enriquezca nuestro lenguaje, como se pretende.
Me llega la noticia de que en el pleno de una asamblea vecinal se llegó a decir por una participante en la misma que, aunque el Quijote no tiene lenguaje inclusivo (¿?), no se podía negar la importancia de la obra. Precisamente nuestro más grande y representativo autor creó una serie de personajes femeninos (Marcela, Dorotea, «La Gitanilla»…) que luchaban por su libertad frente a la discriminatoria época que le tocó vivir, sin necesidad de empleo de vocablos diferentes, sino con sus ideas tan avanzadas para la época.
Hay un principio lingüístico claro que es la economía del lenguaje, y que se materializa a través de vocablos genéricos (que, curiosamente, son femeninos: familia, persona, raza) o del género único colectivo (que por norma gramatical se emplea el masculino: los niños, los compañeros, los padres…) En el lenguaje coloquial se emplea esta economía sin ningún problema ni intención (aunque en el wasap se use la arroba para que tod@s se den por aludidos). Por curiosidad, cojan cualquier obra literaria y sustituyan los términos genéricos por el nuevo lenguaje inclusivo y a ver que les parece el texto, aparte de los folios que tendría que usar el autor (o la autora).
Es por ello, que en aras de un aparente mensaje de no discriminación, se pueda sospechar si los políticos y «políticas» que lo emplean en sus apariciones públicas lo hagan, en mi opinión, con cierta intención demagógica para ponerse una medalla sobre la igualdad de géneros que, en realidad, no va a ningún lado, sino, más bien, a una supuesta modernidad de lenguaje que nunca ha sido considerado así en nuestra rica literatura de escritores y escritoras hispan@s.
Apuéstese por actividades educativas de respeto mutuo y de convivencia social entre personas, independientemente del género, y se tenga, asimismo, un respeto hacia nuestro querido lenguaje, sin necesidad de esa repetición de sujetos que lleva a un populismo mal entendido y a una diferenciación de los géneros gramaticales que provoca, más bien, chanza.
Roberto Rabaza. PAR Tronchón

