Hay fechas que no necesitamos que nadie nos explique por qué forman parte de nuestra memoria. Todos los Santos es una de ellas.
Quienes hemos crecido en nuestros pueblos recordamos cómo llegaba el 1 de noviembre. Las familias se preparaban, se visitaban los cementerios, se limpiaban y adornaban las tumbas, se llevaban flores y se recordaba a quienes ya no estaban.
Era un día de encuentro familiar y de recogimiento. Un día en el que los más pequeños aprendían quiénes habían sido sus abuelos, sus bisabuelos y las personas que les habían precedido. Porque recordar a nuestros muertos también es una forma de recordar quiénes somos.
Con el paso del tiempo, muchas de aquellas costumbres han perdido presencia. La sociedad cambia y aparecen nuevas formas de ocio y nuevas celebraciones. En los últimos años se ha incorporado con fuerza una referencia lúdica vinculada a estas fechas.
Y no tiene por qué existir conflicto alguno. Podemos disfrutar de una celebración lúdica y, al mismo tiempo, conservar otra mucho más íntima, familiar y vinculada a nuestra propia historia. El problema no está en que aparezcan nuevas costumbres. El problema aparece cuando las nuestras dejan de transmitirse.
El significado de Todos los Santos está en una fotografía antigua, en una flor sobre una tumba, en una conversación entre un abuelo y un nieto, en volver al pueblo o en encontrar un nombre en una lápida y preguntarnos quién fue. Eso también es patrimonio.
Las tradiciones no son únicamente fiestas, música, gastronomía o folclore. También son formas de recordar, de relacionarnos con nuestra historia y de transmitir a nuestros hijos que antes de nosotros hubo generaciones que construyeron nuestras familias y nuestros pueblos.
Recuperar Todos los Santos no significa rechazar los cambios ni volver al pasado. Significa no perder aquello que merece ser conservado. Recuperar esta fecha no es vivir en el pasado. Es mantener vivo el vínculo con quienes fuimos, con quienes nos precedieron y con aquello que queremos seguir siendo. Todos los Santos no necesita competir contra ninguna celebración. Solo necesita que volvamos a recordarlo.
Carlos Andreu. Vox / Alcañiz


la ley de memoria histórica también es recordar a nuestros antepasados y en esos casos no estás mucho por la labor.
Magnífico artículo, Carlos. Defender nuestras tradiciones, la memoria familiar y el vínculo entre generaciones no significa rechazar otras costumbres, sino evitar que olvidemos las nuestras. Una reflexión sencilla, sensata y necesaria.
Y siempre aparece quien, incapaz de valorar el artículo por lo que dice, necesita sacar a pasear el comodín de su memoria histórica para convertir hasta una visita al cementerio en una disputa política. Hay quien ve siempre trincheras donde solo hay tradición.