Hace unas pocas semanas, en la localidad de Jaganta, tenía lugar un pequeño hito histórico para la memoria colectiva del Bajo Aragón.
El antiguo molino de aceite de esta pequeña pedanía de las Parras de Castellote, una verdadera joya patrimonial que todos debemos ayudar a proteger, iba a vestirse de largo como fiel y magnífico ejemplo de lo que fueron estas impresionantes instalaciones olearias, las cuales sirvieron a los bajoaragoneses, durante un buen número de siglos, para obtener el preciado aceite de oliva. Un primoroso zumo dorado que hoy todavía sigue siendo una de nuestras mayores riquezas y cuyo árbol de procedencia, la olivera, es, sin ninguna duda, el símbolo que mejor representa nuestra identidad territorial.
El proyecto «Tierra de Centenarias» de la Comarca del Bajo Aragón, que coordina con mano tendida, buen criterio y una gran ilusión el divulgador medioambiental Fernando Zorrilla, se había planteado el reto de volver a poner en marcha esta ancestral instalación. Pero retomar el funcionamiento de una almazara del siglo XVII como la de Jaganta no es una tarea sencilla y aunque se conserva en un excelente estado, sin apenas modificaciones de importancia y convenientemente restaurada, llevaba ya más de 80 años sin ninguna actividad, salvo las visitas que se realizaban para contemplar su excepcional interior.
No obstante, la idea de la recreación siguió adelante y terminó convirtiéndose en una jornada eminentemente cultural, divulgativa y pedagógica, que tuvo lugar el pasado 23 de noviembre, haciéndola coincidir con la celebración del Día Mundial del Olivo, que se conmemora anualmente el día 26 del citado mes como homenaje a este árbol universal, y cuyo desarrollo festivo tuvo una amplia aceptación popular que acabó llenando de público la población de Jaganta.
Las fotos del evento, como no podía ser de otra manera, las acaparó Platero, la caballería que, pese a su tozudez inicial, se encargó de mover el rollo de piedra que molturaba las olivas para obtener la pasta a prensar, pero detrás del funcionamiento del molino y la enorme prensa de viga y libra que permitió la extracción del aceite había personas de carne y hueso, bajoaragoneses que realizaron una ardua labor para que el impresionante ingenio mecánico funcionase.
Días de pruebas, viajes, revisiones diversas, reveses, soluciones, trabajo y mucha ilusión y buen ambiente en un heterogéneo grupo, que abarcaba desde las tareas de coordinación de Fernando hasta los viajes de Platero con su propietario, José Pajares, desde Aguaviva.
Una laboriosa empresa compartida con Javier Trullenque, alcalde de Las Parras, que puso todo su empeño en facilitarnos todo y crear soluciones a las dificultades, junto a su aportación incansable; Manuel Blasco, nuestro anfitrión local, que con su inmensa labor, explicaciones y buen hacer honró la memoria de su padre, Manuel Blasco Asensio, eterno cicerone del molino, que lo salvó de la desaparición en el siglo XX y fue el artífice de su primera rehabilitación en 2003; Casto Alcañiz, molinero con más de 60 años de experiencia en la elaboración del aceite en la almazara hidráulica tradicional que regenta en Maella, que aportó toda su sabiduría; Carlos Pedro, copropietario del conjunto de oliveras centenarias del Mas de Conesa, que ha convertido su finca en un verdadero museo natural, y la colaboración de José Luis Membrado o de los abundantes paradores y husilleros que ayudaron a levantar con sus manos el pie o se esforzaron en hacer girar la caracola que accionaba el mecanismo de la prensa.
En cuanto a mí sensación, que os puedo decir, después de 30 años estudiando el funcionamiento de estos molinos olearios y el desarrollo histórico del olivar bajoaragonés, poder participar en este fascinante viaje de retorno al pasado y colaborar con todos para conseguir ver una prensa de viga y libra bajoaragonesa en funcionamiento fue un verdadero privilegio.
Alberto Bayod. Historiador


¡Por fin un artículo sin ruido ni furia!
¡Enhorabuena!