Decido dedicar las primeras líneas de este escrito recordando los más de 100 años en los que cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se conmemora la lucha histórica de los derechos de las mujeres. Con ello se pone de relieve el esfuerzo prolongado en el tiempo de la lucha y el sacrificio que ya nuestras abuelas hicieron por conseguir los actuales derechos de los que gozamos. Una herencia que las generaciones venideras debemos continuar.

No podemos negar que el paso de estos años y la lucha social continuada ha dado paso a una mayor seguridad y libertad a las mujeres. No obstante, es innegable que seguimos sin alcanzar la igualdad real.
Mientras tecleaba en el ordenador, me he replanteado varias veces sobre aquello que debía escribir en las próximas líneas y he llegado a la conclusión de que debo dar visibilidad a aquellas situaciones que tienen que vivir a diario muchas mujeres. Especialmente, quiero hacer una pequeña alusión a algunas de las situaciones que he vivido en primera persona.

Actualmente soy alcaldesa de Albalate del Arzobispo, uno de los municipios de pequeño tamaño de una provincia rural como es la de Teruel. Me parece fundamental hablar de la dificultad añadida que supone ser mujer en una zona de estas características. Aunque se siguen dando pasos de gigante, afortunadamente porque nos hemos podido dotar de servicios fundamentales como una competente red de atención social o las escuelas de 0 a 3 años, es cierto que en las comunidades más pequeñas seguimos teniendo obstáculos adicionales para obtener mayor independencia o acceder a recursos e información.

En los escasamente ocho meses en los que ostento tan privilegiada posición, he sido todavía más consciente de que el perfil de una mujer al mando de una institución – sea la que sea- sigue pareciendo una rara avis. Es cierto que durante los últimos años se ha mejorado la proporción en estos términos, cosa que debemos agradecer al avance normativo de los últimos años, así como a los planes de igualdad. Pero, me atrevo a decir que, a pesar de estar yendo por buen camino, todavía sigue siendo insuficiente. Por esto creo que, como representante de una institución publica, tengo un importante cometido, y no es otro que concienciar y visibilizar a toda la ciudadanía de la necesidad de lograr una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en todos los ámbitos.

Al hilo de lo anterior, no es cuestión baladí hablar de la conciliación familiar. Y es que tengo familiares y amigas que recientemente han sido madres, y todas y cada una de ellas atestiguan el duro proceso de la maternidad: desde el momento en el que tienen que comunicar su embarazo a la empresa en la que trabajan hasta cuando han de regresar tras la baja de maternidad u optar por una excedencia.

Esto me hace preguntarme lo siguiente: ¿puede una mujer continuar con normalidad su vida profesional y/o su trayectoria como servidora pública sí decide ser madre? Me gustaría no tener que plantearme tal cuestión y vaya por delante que siempre basaré mi opinión en el respeto a todos aquellos que discrepen en mi respuesta, pero definitivamente creo que no, que no es posible compaginar y sobrellevar tal combinación de responsabilidades.

Esta reflexión daría para escribir mucho más que estas líneas pero, volviendo al tema que nos ocupa, estas situaciones son sólo un ejemplo de lo que me lleva a pensar que cada 8 de marzo tenemos y debemos recordar, reivindicar, reclamar y velar por los derechos de las mujeres. Nuestra movilización sigue siendo fundamental para cumplir con el verdadero compromiso de igualdad, como una cuestión de calidad democrática.

Y es que resulta lamentable que, a estas alturas, todavía exista negacionismo o la voluntad por determinados sectores y partidos políticos de paralizar o iniciar el retroceso de derechos ya consolidados. Por estas y otras muchas otras razones que aún podría exponer, este 8 de marzo debemos salir a las calles para a poner un año más de relieve la necesidad de lograr la igualdad efectiva, para seguir avanzando en un camino que debemos recorrer todas y todos.

Celia Trullén. Alcaldesa de Albalate del Arzobispo y presidenta de la comisión de Acción Social, Salud, Mujer y Consumo de la Comarca Bajo Martín