La apertura de las Urgencias del nuevo Hospital de Alcañiz el 2 de junio marca un antes y un después para el Bajo Aragón Histórico. Ese mismo día comenzarán también las operaciones urgentes y las programadas se iniciarán el 8 de junio. El traslado de los pacientes ingresados se completará durante los tres días siguientes, de modo que la primera semana de junio el nuevo centro asumirá ya la hospitalización.
Los datos explican la dimensión del cambio. El hospital pasa de 18.429 a 53.241 metros cuadrados, de 137 a 178 camas, suma 20 plazas de hospitalización a domicilio, duplica quirófanos, de 3 a 6, y paritorios, de 2 a 4. También incorpora 550 plazas de aparcamiento, una resonancia magnética y un densitómetro tras una inversión de 4,4 millones en Radiodiagnóstico, además de una unidad pública de hemodiálisis con 21 puestos. Para una comarca extensa, dispersa y alejada de los grandes hospitales, cada nuevo servicio significa menos viajes, menos espera y más igualdad. La sanidad pública en el medio rural no puede depender de la paciencia de los vecinos ni de la resignación ante la distancia.
Pero el estreno llega con dos retos pendientes. La UCI y la cafetería quedan pendientes. La primera, por falta de profesionales, pese a contar con una plantilla actual de 10 médicos y a estudiarse contratos mixtos con hospitales zaragozanos. La segunda, aunque parezca secundaria, es necesaria para pacientes, familiares y trabajadores en jornadas largas y difíciles. La plantilla cercana a 890 trabajadores, los 13 nuevos profesionales incorporados y los 23 previstos son avances importantes. Pero el reto no es solo abrir puertas, sino garantizar servicios completos, estables y bien dotados. El Bajo Aragón tiene motivos para celebrar. Ahora toca exigir agilidad para que el nuevo centro hospitalario esté operativo al 100 % cuanto antes. Debe nacer con ambición, transparencia y todos los recursos que merece este territorio.

