El nuevo Hospital de Alcañiz abre por fin al cien por cien y el Bajo Aragón Histórico puede celebrar una noticia largamente esperada. Pero conviene hacerlo con memoria. Este centro se reclama desde la legislatura de Luisa Fernanda Rudi, cuando quedó a falta de firmar bajo un modelo público-privado que provocó una amplia contestación social.
Después, el primer Gobierno de Javier Lambán cambió aquel planteamiento y anunció que estaría en servicio en 2018. La realidad ha sido muy distinta: años de retrasos, promesas incumplidas y paciencia ciudadana. Una década después, la apertura completa bajo el segundo mandato de Jorge Azcón en el ejecutivo autonómico empieza a saldar una deuda histórica. La inversión es muy relevante, pero no extraordinaria si se mide frente a las necesidades de un área sanitaria de unas 80.000 personas, dispersas en un territorio amplio, envejecido y con dificultades propias del medio rural. Se trata de justicia territorial y de igualdad en el acceso a servicios públicos esenciales.
El salto respecto al viejo hospital es indiscutible. Más superficie, más camas, más quirófanos, más paritorios, mejores circuitos y tecnología que antes obligaba a derivaciones o prestaciones externalizadas. La resonancia magnética, el densitómetro, la hemodiálisis pública y la futura cirugía robótica simbolizan un cambio de etapa. También lo hacen unos espacios más humanos y pensados para pacientes, familias y profesionales.
Pero un hospital se inaugura cada día, cuando las consultas funcionan, las listas de espera bajan, las Urgencias responden y los servicios pendientes se abren con garantías. La UCI aún pendiente recuerda que las paredes nuevas necesitan plantillas suficientes. Las nuevas plazas estructurales en Medicina Interna y Obstetricia y Ginecología son una buena noticia, pero también evidencian déficits acumulados. Por eso es esperanzador que el sector de Alcañiz haya vuelto a cubrir sus ocho plazas MIR de Medicina Familiar y Comunitaria.
Ojalá el nuevo hospital, con instalaciones modernas y capacidad real de desarrollo profesional, ayude a atraer y retener médicos y especialistas. La ciudadanía bajoaragonesa ha esperado demasiado. Ahora toca exigir gestión, estabilidad y transparencia. Que cada euro invertido se traduzca en mejor atención y solución a los serios problemas estructurales.
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