Hay espacios que, con el paso del tiempo, dejan de ser simplemente lugares deteriorados. Se convierten en una especie de reflejo de todo aquello que hemos ido dejando para después: la maleza que crece sin control y rincones que acumulan suciedad. Un ejemplo de ello es la zona del edificio de la carretera que permanece allí, aunque muchos no entendamos nada.

Por eso, cuando Caja Rural de Teruel, propietaria actual del edificio, decidió contratar a ATADI, entidad de referencia que trabaja con personas con discapacidad en toda nuestra provincia, y a su Centro Especial de Empleo de Andorra para realizar las tareas de limpieza y acondicionamiento de este deteriorado espacio, que desluce nuestro paisaje, yo no pude evitar sentir una emoción especial. No era solamente una decisión relacionada con la mejora de un lugar. Para mí significaba volver a encontrarme con algunos alumnos a los que un día tuve la suerte de enseñar en el Colegio de Educación Especial «Gloria Fuertes». Caja Rural de Teruel me permitía cerrar un precioso círculo. A algunos de los trabajadores de ATADI que hemos podido observar realizando un trabajo impecable de la mano de sus monitores, les he dado clase cuando todavía estaban aprendiendo muchas de las cosas que ahora hacen realidad en su vida adulta: seguir unas instrucciones, organizar una tarea, trabajar en equipo, asumir responsabilidades e insertarse laboralmente.

Pasé varias mañanas con ellos viéndoles desempeñando un trabajo y eso para mí ha tenido un significado difícil de explicar. Detrás de cada tarea hay mucho más que una desbrozadora, unas tijeras de podar o unas manos retirando hojas y suciedad. Hay autonomía. Hay responsabilidad. Hay compañeros que se necesitan unos a otros. Hay un salario al final de mes. Hay orgullo. Hay una vida que se construye gracias a ATADI y a todas las personas que creen en sus habilidades. Juntos podemos generar oportunidades laborales para personas con discapacidad y ofrecerles un entorno de trabajo en el que puedan desarrollar sus capacidades.

Quizá por eso este espacio deteriorado tenga ahora un significado especial para mí. Porque mientras ellos lo limpian y lo recuperan, de alguna manera también están demostrando cuánto han cambiado sus propias vidas.

Y donde quizá antes solo había abandono, ahora empieza a aparecer algo parecido a la esperanza. Me gusta pensar que hay cierta belleza en esa coincidencia: personas a las que durante mucho tiempo la sociedad ha mirado desde sus limitaciones son precisamente quienes vienen ahora a recuperar un espacio que estaba muy abandonado.

Como maestra, no puedo sentir más orgullo. Especialmente cuando mucha gente de Montalbán me ha felicitado a mí, cuando el mérito no es mío, sino de ellos, de sus monitores, de ATADI y de Caja Rural de Teruel por dar visibilidad a su trabajo.

Cuando pasaron por mi escuela, nuestro deseo era que aprendieran. Que avanzaran. Que fueran cada día un poco más autónomos. Que encontraran su lugar en el mundo. Hoy, comprobar que están ahí fuera, trabajando, compartiendo responsabilidades y demostrando todo lo que son capaces de hacer es, probablemente, una de las mayores satisfacciones para mí y para todos los profesionales que han pasado por sus vidas en el «Gloria Fuertes».

El espacio todavía está deteriorado. Queda mucho por hacer y por pensar en cómo transformar ese proyecto. Pero ese será otro cantar. Y esa es la segunda metáfora: la transformación no será inmediata. Hay lugares que necesitan tiempo para volver a florecer. Y hay personas que necesitan que alguien confíe en ellas para poder demostrar todo lo que llevan dentro.

Por eso, contratar a un Centro Especial de Empleo de ATADI para recuperar este espacio no significa únicamente contratar un servicio de limpieza y jardinería. Significa apostar por las personas. Significa reconocer capacidades. Significa convertir un trabajo en una oportunidad y una oportunidad en autonomía. Y significa, también, que cuando se da una oportunidad, cuando se confía y cuando se acompaña, las personas pueden transformar mucho más que un espacio deteriorado. Pueden transformar la mirada de quienes las rodean.

Y yo, que tuve el privilegio de ser su maestra, solo puedo mirarles hoy con una enorme gratitud y pensar que, en realidad, ellos también me enseñaron tanto… Gracias a todos los que lo han hecho posible.

Lola Oriol