Recientemente se ha publicado en este mismo periódico un artículo del señor José Luis del Valle, titulado ‘Valderrobres y el arte de no recibir’, que ha herido la sensibilidad de muchos valderrobrenses.
En primer lugar, quiero hacer constar mi respeto más absoluto hacia el señor Del Valle. Soy lector habitual de sus artículos y debo decir que su anterior texto sobre drogas me encantó. Pero al leer este último, dedicado a los valderrobrenses, no podía dar crédito a lo que estaba leyendo.
Al escribir este artículo no pienso defender a nadie en particular, pero sí quiero aclarar algunos puntos que en el artículo del señor Del Valle se ponen en entredicho.
Comenzando con el hecho de que algunos bares (dos concretamente) no le sirvieran un café porque cerraban a las cuatro. ¿Alguien se ha parado a pensar cuántas horas llevaban abiertos a esa hora? ¿Alguien se ha puesto a pensar si a partir de las cuatro les vale la pena mantener el establecimiento abierto, o les es más rentable cerrar unas horas para así aprovechar y hacer un merecido descanso?
Todas las cosas, aunque no nos lo parezca, tienen un porqué. Pero es que además Valderrobres tiene muchísimos más bares, y no todos cierran a las cuatro. Sí, es cierto que quizás no todos están en ese entorno tan privilegiado, pero también seguro que tienen su encanto. Por lo tanto, es un fallo hablar de una población generalizando y metiendo a todos en un mismo saco.
Sobre lo de aparcar en la zona azul, debo decir que su precio es de los más baratos que conozco, que cubren tan solo unos aparcamientos cerca del centro, pero es que además, a escasos metros tenemos muchas calles con numerosos aparcamientos totalmente gratuitos; tan solo hay que caminar apenas cincuenta o cien metros.
Frases como que «somos un poema a la descortesía», o «venid, dejadnos vuestro dinero... pero marchad pronto y sin molestar» son además de injustificadas, tremendamente dañinas.
Valderrobres no busca eso. Los miles de turistas que nos visitan cada año, que se enamoran de él y que vuelven y vuelven un año sí y otro también, lo certifican.
Valderrobres sí que recibe, y sí que acoge. De los más de dos mil quinientos habitantes, son muchos centenares los que no han nacido aquí. Han elegido libremente vivir aquí, hacer de Valderrobres su hogar. Fíjense pues si acoge o no.
Generalizar siempre es muy arriesgado, y en este caso ha sido muy equívoco.
Señor Del Valle, por mi parte le convido a volver a tomarse ese café en ese lugar tan privilegiado. Iremos juntos, yo le invito, y de paso le mostraré encantado la realidad de mi pueblo, con cariño, y con todo el respeto y admiración que le tengo cada vez que leo sus artículos.
Juan Carlos Abella. PAR / Valderrobres


Muchas gracias, Juan Carlos, por tu opinión escrita con un tono tan noble y sereno. En estos tiempos donde todo se dice a gritos, recibir tus palabras, tejidas con respeto hacia las personas y amor hacia tu tierra, es un regalo que agradezco.
Confieso que mi artículo nació de una pequeña decepción, contada con ironía y sin pensar que pudiera herir el orgullo de un pueblo que ha sabido acoger a muchos y que ha hecho un trabajo impresionante para mantener una oferta cultural y turística universalmente reconocida. Por lo tanto, solo me cabe pedir perdón a quienes os hayáis sentido ofendidos, porque, a veces, los que escribimos con ojos de paso y corazón abierto caminamos por la línea estrecha entre la crónica y la exageración.
No era mi intención ofender a Valderrobres, que es un pueblo hermoso, en el que, como todas las obras humanas, lo entrañable y lo imperfecto conviven. Solo quise retratar, como hace un viajero curioso y crítico, esa contradicción entre el horario del aparcamiento regulado y los servicios del entorno.
Tampoco era mi intención criticar el trato de los trabajadores de la hostelería: de hecho, el camarero, al ir a preguntar amablemente a su jefe si podía servirnos el café, hizo el mismo recorrido que para traerlo, pero en lugar de volver con un café en la bandeja, trajo la negativa descortés e injustificada del jefe: faltaban quince minutos para la hora del cierre. Hace apenas un par de semanas, en Ronda y ante una situación parecida, pude disfrutar de ese café rápido que tanto reconforta al paseante.
Si algo bueno ha traído esto, es este cruce de letras que, más allá de la polémica o la discrepancia, nos demuestra que se puede hablar desde el respeto y el humor.
Gracias por la invitación al café que acepto con gusto, al que iremos sin las prisas que impone el aparcamiento regulado, y con la risa que llega después de entenderse, porque al final, de eso trata todo esto: de reconocernos amigos, aunque sea desde un malentendido.
Con mi estima más sincera
sr. José luis no soy nacida en este pueblo, pero le puedo dar mi palabra más sincera de que siempre me he sentido tan bien acogida aquí, que siento que es aquí donde he nacido, un pueblo maravilloso y hermosa gente y con su dialecto y cultura que apasiona a cualquiera que pase por aquí. yo me enamoré y aquí me quedé y de corazón le agradezco que con sus palabras y disculpas de buen corazón nos haya vuelto la alegría y seguir creyendo que la mayoría que trabajamos aquí en servicio al cliente , hacemos bien nuestro trabajo, que por mi parte personal vivo encantada de recibir a mi gente de este pueblo y turistas, con todo el cariño y gusto de atenderles cada Dia, por aquí lo esperamos con todo gusto sr. José Luis valle.
Hola Milena. Yo tampoco soy de aquí y me enamoré también del Mararraña, en mi caso La Fresneda.
Mi artículo no iba de la gente, ni de los trabajadores de los servicios… creo que el gran patrimonio de esta tierra es su pueblo… sino del Ayuntamiento que cobra por aparcar justo a partir que cierran los servicios próximos… el que no me sirvieran el café fue una anécdota, descortés, pero solo una anécdota que intenté manejar con humor. Gracias por tu comprensión y por aceptar mis disculpas.