Mañana miércoles, 17 de abril, a las siete y media de la tarde, se presenta en el Palacio Ardid de la ciudad de Alcañiz la esperada monografía nº 15 de la Revista «Al-qannis», una publicación divulgativa, de marcado carácter multidisciplinar, que, en esta ocasión, pretende dar a conocer diversos aspectos relacionados con el cultivo del olivo y el largo proceso de desarrollo del olivar bajoaragonés y su evolución histórica durante los dos últimos milenios, incidiendo de forma especial en la elaboración tradicional del aceite de oliva en el Bajo Aragón y algunos de sus innumerables usos, aplicaciones y peculiaridades.

El libro, editado por el Taller de Arqueología de Alcañiz, lleva por título: «Historia del aceite del Bajo Aragón. El impacto de una actividad milenaria en la economía, el patrimonio y el paisaje», aglutinando entre sus páginas un complejo y laborioso proyecto que ha sido coordinado por el arqueólogo alcañizano José Antonio Benavente y en el cual me complace enormemente haber podido participar, colaborando junto a un nutrido grupo de investigadores y reconocidos especialistas de diversos ámbitos. Su gestación ha sido cocinada a fuego lento durante los últimos siete años, permitiendo obtener una visión llena de matices sobre la significativa importancia que el olivar y el aceite de oliva elaborado en la Tierra Baja fueron adquiriendo, con el paso de los siglos, respecto al conjunto de la sociedad bajoaragonesa y como la producción excedentaria de «oro líquido» con destino a su explotación comercial fue generando riqueza e influyendo progresivamente en la economía, la cultura, la gastronomía, el patrimonio y el paisaje de nuestro territorio a lo largo del tiempo.

Algunos de los diversos artículos que aparecen en la publicación también pretenden complementar nuestro punto de vista, enfocándolo desde una perspectiva más actual, ya que esta ancestral actividad agrícola milenaria continúa siendo fundamental para la economía del Bajo Aragón y esas grandes extensiones de tierra repletas de olivos centenarios siguen produciendo su fruto para elaborar uno de los mejores aceites de oliva virgen extra que existen. Un mismo paisaje, típicamente mediterráneo, pero con unas técnicas de recolección y producción distintas, mucho más cercanas a los avances de un mundo que evoluciona constantemente y con rapidez. Tal vez ya no podremos escuchar como crujía la madera de las impresionantes prensas de viga con las que se elaboraba tradicionalmente el aceite y que apenas evolucionaron durante siglos. Tampoco percibiremos ese denso y tórrido ambiente de los molinos olearios que las cobijaban, pero su legado cultural sigue perviviendo actualmente en nuestra memoria colectiva y una parte del mismo, afortunadamente, ya está siendo revalorizado patrimonialmente con fines culturales y turísticos que, sin duda, permiten complementar el vigor del sector primario.

La gastronomía relacionada con el aceite de oliva y otros diversos usos actuales, las rutas que permiten visitar impresionantes oliveras centenarias, o incluso milenarias, que han sobrevivido al paso del tiempo y merece la pena preservar y algunos tesoros escondidos del patrimonio industrial bajoaragonés, como el excepcional molino oleario de Jaganta, una verdadera joya que debería ser protegida y cuyas imágenes ilustran profusamente algunos de los trabajos que se recogen en este libro, forman parte de esas nuevas propuestas culturales, bastante cercanas al oleoturismo, que están facilitando una adecuada conservación y divulgación de este importante legado.

No obstante, si tengo que destacar personalmente una de las principales características que más nos acerca a este completo estudio me quedaría con el concepto identitario global que nos transmite, poniendo en valor algo genuinamente nuestro, el cultivo del olivo y la cultura milenaria de la producción y uso del aceite de oliva. Nada puede identificar mejor y más fácilmente al Bajo Aragón.

Alberto Bayod. Cuestiones bajoaragonesas