Mi amiga Montse, de la que ya os he hablado en alguna otra ocasión en esta tribuna, me dice que no nos gustan los tibios. Yo afirmo con rotundidad: no quiero parecerme a uno de ellos. Víctor Küppers los llama bombillas fundidas. Y yo los denomino acelgas, haciendo un símil con esas verduras que brotan por todos los lados sin pedir permiso y que, una vez en el plato, tienes que aderezar en exceso para disimular su sosez, engañar al paladar y hacer que parezcan un poco más apetecibles.

Pese a esa actitud poco apasionada e indiferente, los tibios también viajan, hacen turismo e imagino que participan, sin pena ni gloria, en todas las visitas guiadas que se les pongan por delante. Igual contemplan, sin emoción alguna, los setecientos veintiún relojes de la colección de Patrimonio Nacional o avistan los nidos de las águilas calvas como si de gorriones se trataran.

Si se encuentra en este grupo de poco vehementes, debo confesarle una cosa: el Bajo Aragón no es un destino turístico para usted, especialmente este año en el que vamos a tirar la casa por la ventana.

Empezando por la Semana Santa. Nuestra tierra vibrará, una vez más, con el redoble de tambores y bombos. El morado, el negro y el azul vestirán nuestras plazas, que estallarán en hermandad, envolviendo a cada uno de los visitantes que llegan al Bajo Aragón. La intensidad y la pasión con la que vivimos estos días se trasladan a las calles, que pasan del silencio más solemne al estruendo sobrecogedor en apenas minutos. Y en esta algarabía de nervios antes de la procesión, se sentirá parte de un decorado perfecto: nada se parecerá a lo que le hayan contado antes. Abandone, entonces, su actitud de indiferencia y vibre con nosotros.

Y aunque todavía faltan unos meses para verano, nosotros ya tenemos el ojo puesto en agosto, una fecha que va a dejar huella este año en el Bajo Aragón. Yo, que además de huir de los tibios intento ver siempre el lado positivo de todo lo que pasa a mi alrededor, creo que somos unos auténticos afortunados de vivir aquí. Y es que este año vamos a poder contemplar, como si ocupáramos la mejor butaca del Teatro Real, el eclipse solar total. Sin duda, será un antes y un después para el turismo astronómico bajoaragonés, en el que ya estamos trabajando para crear una experiencia única.

Y si de acontecimientos vibrantes hablamos, no podemos pasar por alto el Gran Premio de Aragón que acogerá MotorLand el último fin de semana de agosto. Cambiaremos cofrades y amantes de las estrellas por apasionados al motor. Y aquí está la magia: en la capacidad de adaptarnos sin perder nuestra esencia, siendo fieles a nuestras tradiciones y cultura, uniéndonos para sacar proyectos adelante.

Deseamos, en cualquiera de estas tres fechas, verles por aquí, conversar, compartir experiencias y, sobre todo, que vibren con el Bajo Aragón y con sus vecinos con la misma intensidad que nosotros, los bajoaragoneses, lo hacemos todos los días del año.

Nieves Ballestero. Gerente Empresarios Turísticos Bajo Aragón