Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la lucha por la igualdad no es solo una reivindicación, sino una necesidad urgente en un mundo donde las mujeres nos enfrentamos a la opresión, violencia y discriminación en múltiples formas. Este día no es solo una celebración, sino una llamada a la acción para visibilizar la lucha feminista.

En 2025, el mundo sigue siendo testigo de graves violaciones a los derechos humanos que impactan de manera desproporcionada a las mujeres. El genocidio en Palestina, donde mujeres y niños/as son objetivos estratégicos en una limpieza étnica, es un ejemplo crudo de cómo los conflictos armados agravan las desigualdades. A esto se suma la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, que ha marcado el inicio de una era de recortes de derechos para migrantes, minorías, el colectivo LGTBI y, por supuesto, las mujeres.

Estas realidades no son aisladas; son síntomas de un sistema capitalista y patriarcal que prioriza los beneficios económicos de unos pocos (normalmente hombres blancos y heterosexuales) sobre el bienestar de la mayoría. Las mujeres, en toda su diversidad, migrantes, racializadas, trans, con diversidad funcional, jóvenes y mayores, son las más afectadas por este sistema. Un sistema que, para sostenerse, depende del trabajo no remunerado de las mujeres en los cuidados y la crianza.

En España, la desigualdad en los cuidados sigue siendo una realidad palpable. Según la última encuesta del CIS, las mujeres dedican casi 7 horas diarias al cuidado de hijos e hijas, frente a las menos de 4 horas que dedican los hombres. En tareas domésticas, las mujeres invierten casi tres horas al día, mientras que los hombres dedican dos. Esta brecha no solo afecta a las generaciones mayores; también está presente en los jóvenes menores de 30 años. Esta desigualdad no es solo una cuestión de justicia social; también tiene un impacto económico significativo.

Pese a los obstáculos, hay motivos para celebrar. Hemos roto silencios y puesto la violencia machista en la agenda pública. Sin embargo, los desafíos persisten: la brecha salarial, la violencia patriarcal, la falta de corresponsabilidad en los cuidados y la precarización laboral son solo algunas de las barreras que todavía no han desaparecido.

Por ello, es fundamental apoyar las acciones reivindicativas del 8 de marzo y enarbolar la bandera feminista como símbolo de una lucha inclusiva y solidaria. Sin embargo, en Alcañiz, este símbolo ha dejado de ondear desde que el nuevo gobierno del PP, PAR y VOX llegó al poder. Además, es imprescindible exigir un aumento en los recursos destinados a políticas públicas de igualdad, algo que ha quedado en el olvido. Desde la llegada de la extrema derecha al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alcañiz, las declaraciones institucionales han desaparecido, los planes de igualdad se han guardado en un cajón y los presupuestos han sufrido recortes significativos. Este retroceso no solo es simbólico, sino que representa un paso atrás en la lucha por los derechos de las mujeres y la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Así que este 8M volveremos a las calles para luchar por la igualdad que ya no puede esperar más. Este 8M estaremos junto a miles de mujeres y hombres reivindicando feminismo para vivir sin violencias y en paz.

Este 8M estaremos en las calles luchando contra la extrema derecha, convirtiendo nuestra rabia individual en lucha colectiva. Esa lucha colectiva que sirve para transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad y construir un futuro en el que todas las personas, sin importar su género, vivan con dignidad y justicia. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de avanzar hacia un mundo donde el feminismo no sea la excepción, sino la norma.

María Milián. Integrante de Bajo Aragón Feminista