Salta la sorpresa: la izquierda no se puso de acuerdo. Contra todo pronóstico (nótese la ironía) los egos pudieron más y ahora, si eres "zurdo", toca estudiar. Hacer scroll en Instagram es, en tiempo de precampaña, una clase de álgebra avanzada, una especie de escape room con expertos (alguno) e iluminados (muchos) que explican, a golpe de audiovisual y con subtítulos que estallan en tu cara, a quién debes votar. Y, por si fuera poco, surgen todo tipo de recursos, webs e infografías para que, una vez situado tu pequeño (o, en mi caso, gran) culo progresista en el mapa, un tal D'Hondt te indique cómo ser útil.
Útil. Me piden que sea útil votando. Y entonces viene mi reflexión: ¿es que, acaso, no hace todo el mundo ese ejercicio al votar? ¿No piensa todo votante, antes de depositar su papeleta en la urna, si su voto es útil? Según la RAE, útil significa «que sirve para algo»; y democracia, «forma de sociedad que reconoce y respeta como valores esenciales la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley». Entonces, ejercer la democracia y hacerlo de manera útil sería, básicamente, votar a favor del pueblo, de la gente, de las personas. Que lo que votemos sirva para garantizar la libertad y la igualdad de todas las personas.
Como buena empollona que siempre he sido y seré (no me escondo), me leeré los programas electorales de todos los partidos. Que los publiquen, claro, es una condición sine qua non para poder hacerlo. Esta vez prometo no rendirme a mitad, aunque haya alguno que en la primera página ya dé miedo.
Leeré comprensivamente cada propuesta y las ponderaré en términos de utilidad. Pondré el foco en las medidas que afecten a las personas que un poquito más complicado lo tienen todo: mujeres, niños, migrantes, personas racializadas, del colectivo LGTBIQ+ («¡Bah! Cuántas letras, qué difícil…» Venga, ánimo, que la alineación de la Selección te la aprendiste y eran muchas más). Valoraré que les hagan la vida más fácil, libre y en igualdad de condiciones. Y, por supuesto, haré lo mismo con todas las medidas que atañen a hombres, blancos, heterosexuales y ricos, que también padecen mucho, «pobrecicos»…
No sé, señor D’Hondt. Creo que, si cumplo con mi plan, mi voto será útil. No sé si lo suficiente, pero al menos habré puesto mi granito de arena. Porque todos podemos hacer el inútil en según qué momento. Otra cosa es serlo y querer gobernar.
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Nerea Lorenzo

