Con frecuencia nos sentimos identificados con miembros que pertenecen a un mismo colectivo: a un pueblo, una región o nación, una religión o un partido político, entre muchos otros. Sin embargo, expresar lo que somos o pensamos, a veces, choca con otras identidades y puede generar animadversión con el opuesto.

Está demostrado que las identidades partidistas, ideológicas o territoriales polarizan a la sociedad y esta sociedad en la que vivimos está muy polarizada. Por ejemplo, Cataluña, una región históricamente acogedora donde han construido su vida aragoneses, andaluces y castellanos, se convierte ahora en un territorio hostil en el que la intransigencia y la intolerancia coartan la libertad del que siente diferente.
Y cuando hablamos de identidades partidistas e ideológicas sucede lo mismo. En teoría política se estudia el teorema del votante mediano que afirma que las posturas moderadas y centradas son las mejor valoradas por los electores. Este modelo pudo funcionar en una sociedad con amplios consensos de base que buscaba la paz y el bienestar. Sin embargo, en la España de las dos últimas décadas ha aumentado la polarización social. Nos hemos alejado de las decisiones racionales y decidimos en función de un sentimiento de pertenencia e identidad. Hemos dejado de pensar con la cabeza para decidir y odiar con las vísceras. Es la política de la identidad.

Quizá, la solución para rebajar este grado de polarización sería hablar de políticas concretas que mejoren el bienestar de la población, donde la posibilidad de alcanzar grandes consensos es mucho mayor. Pero por desgracia, parece que son las propias élites políticas las más interesadas en reducir los posibles espacios de concordia para poder vencer sin necesidad de convencer creando una sociedad leal a unas siglas y cada vez más alejada de un espíritu crítico y racional. Sánchez nos ha dado buena muestra de ello esta semana con una pantomima que sólo perseguía que sus seguidores salieran a la calle a adorar al líder generando más confrontación.

Isabel Arnas. PP / Albalate del Arzobispo