La economía turolense presenta una preocupante contradicción según los datos derivados del último estudio presentado por Cámara de Teruel. Mientras las exportaciones crecen casi un 11% y la industria gana empleo, la provincia ha perdido cerca de 5.000 trabajadores en activo y 48 empresas durante 2025. Un contraste que demuestra que las buenas cifras macroeconómicas no siempre se traducen en un fortalecimiento real del territorio.

Teruel tiene ante sí oportunidades extraordinarias gracias a las inversiones industriales, energéticas y tecnológicas. Sin embargo, el crecimiento debe alcanzar también a los pequeños negocios y autónomos que sostienen la economía de nuestros pueblos. Necesitan menos burocracia, mejores infraestructuras, financiación y facilidades para garantizar el relevo generacional.

La falta de vivienda, las dificultades para atraer profesionales y las carencias en servicios y comunicaciones siguen siendo obstáculos que limitan nuestro desarrollo. De poco servirá captar grandes inversiones si no somos capaces de retener población y generar nuevas oportunidades.

A las puertas de las elecciones generales del 29 de noviembre, el tejido empresarial turolense debe reforzar su unidad y convertir sus reivindicaciones en una agenda común y exigente. La prioridad es ampliar las ayudas al funcionamiento hasta el máximo del 20% autorizado por la Unión Europea, mejorar la fiscalidad de las pequeñas empresas y autónomos y agilizar los trámites para nuevas inversiones.

Las organizaciones empresariales y las instituciones deben trabajar conjuntamente para exigir compromisos concretos, con presupuestos y plazos de ejecución. La próxima campaña electoral será una oportunidad para comprobar qué respuestas ofrecen los partidos a una provincia que necesita transformar su crecimiento industrial en empleo, nuevas empresas y población. Teruel no puede permitirse otra legislatura de promesas pendientes.

Editorial