España está de luto por la tragedia ferroviaria de Toledo. Desde el Bajo Aragón queremos trasladar nuestro pésame a las familias de las víctimas, el apoyo a los heridos y el reconocimiento a los equipos de emergencia y a todos los ciudadanos que se han volcado en ayudar. El dolor no entiende de fronteras administrativas y, ante una desgracia de esta magnitud, la solidaridad territorial debe unirnos por encima de cualquier diferencia.

Llegará el momento de esclarecer las causas, exigir responsabilidades si las hubiera y adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad. Sin anticipar conclusiones, esta tragedia también nos invita a reflexionar sobre el modelo ferroviario que queremos para España. Un país vertebrado necesita infraestructuras modernas, seguras y bien mantenidas, pero también una red capaz de ofrecer oportunidades y conectar a todos sus territorios.

Desde este territorio, que lleva décadas reivindicando inversiones y mejores comunicaciones, sabemos cuánto condiciona el ferrocarril el desarrollo económico y social. La alta velocidad y las líneas convencionales de cercanías deben formar parte de una misma apuesta de país, sin ciudadanos de primera y de segunda.

Hoy toca acompañar a las víctimas y reafirmar que el ferrocarril debe seguir siendo una herramienta de cohesión, seguridad y progreso compartido.

Editorial.