La concentración ante las Cortes de Aragón por el recorte del Nudo Mudéjar de Andorra es la expresión de un hartazgo acumulado durante años por un territorio al que se le pidió paciencia tras el cierre de la central térmica y al que ahora se le ofrece incertidumbre, retrasos y una preocupante desorganización institucional.

El proyecto que debía ser símbolo de futuro se ha convertido en ejemplo de cómo no se debe gestionar una transición. Endesa ha recibido autorización para desarrollar 406,3 megavatios, muy lejos de los 1.800 previstos inicialmente, y el golpe no se mide solo en energía: se mide en empleo, en familias y en jóvenes que siguen sin ver una razón sólida para quedarse.

Durante años se habló de oportunidades, de reindustrialización y de compromiso con las cuencas mineras. Hoy, sin embargo, el territorio se encuentra con promesas recortadas y calendarios difusos. Lo más grave no es únicamente la tardanza, sino la falta de claridad. Administraciones que se acusan entre sí, reuniones que llegan tarde, información que no fluye y decisiones que los afectados conocen por los medios. Así no se construye confianza, solo se alimenta la desafección.

La Transición Justa no puede reducirse a expedientes, megavatios o ruedas de prensa. Como han recordado los agentes sociales, lo importante es el empleo. Los megavatios no llenan las escuelas, no sostienen comercios ni garantizan vida en los pueblos. El trabajo digno, sí. Y por eso resulta inaceptable que un proyecto presentado como motor de futuro acabe generando muchas menos expectativas laborales de las anunciadas.

El Bajo Aragón Histórico y las comarcas mineras no pueden seguir esperando con los brazos cruzados. Ha llegado el momento de la unidad. Ayuntamientos, sindicatos, asociaciones empresariales, colectivos sociales y ciudadanía deben mantener una voz común, firme y constante. No basta con lamentarse; hay que movilizarse, exigir plazos concretos, transparencia absoluta y responsabilidades políticas y empresariales.

Este territorio pide que se cumpla lo prometido y respeto. Si quienes tenían que organizar la transición han demostrado lentitud y descoordinación, será la sociedad civil quien tenga que recordarles que Andorra y su entorno no son una nota al pie en la política energética nacional.

Editorial.