Es curioso ver cómo, con el paso del tiempo, esta tierra donde vivimos se va degradando poco a poco, y no por el cambio climático (que también), sino por la mano directa del hombre.

Ya vimos cómo en el siglo pasado se construyó uno de los mayores embalses de la Península Ibérica, anegando las mejores tierras de cultivo, y se construyó una central nuclear a pocos kilómetros de estas tierras. Posteriormente, se han ido asentando centrales de ciclo combinado, plantas solares, aerogeneradores, líneas de alta tensión, subestaciones eléctricas, etc.

Y ahora, para colmo y no contentos con lo que tenemos sobre nuestras cabezas, solamente tenemos que elevarlas y ver cómo está lleno de cables de alta tensión y torres eléctricas. Nos amenazan con instalar centros de datos, con el consumo tanto hídrico como eléctrico que conlleva, más parques eólicos y una nueva línea de muy alta tensión de 400 KV y 220 KV.

Si en su tiempo devastaron la mejor huerta de Caspe, ahora con el nuevo trazado de esta línea van a terminar con el poco terreno de cultivo hortelano de este término municipal.

Lo más grave de todo es que se nos ha informado tarde para poder presentar alegaciones. El actual equipo de gobierno no informó a ningún vecino de este proyecto y fue la semana pasada cuando nos enteramos de que habían firmado un convenio con REE por un poco más de 200.000 €. Compensación económica de esta empresa estatal por los trastornos que puedan ocasionar.

¿Qué va a pasar con los afectados? Con sus casas, con sus terrenos, con los agricultores, con los ganaderos, con la fauna, con las aves… O, sencillamente, con quien le gusta el mundo rural sin adulterar.

El Bajo Aragón histórico corre el riesgo de desaparecer. Nos utilizan para colocar sus infraestructuras en nuestro suelo para desarrollar económicamente otros territorios. Nos echan de nuestra casa y búscate la vida. Parece que estamos en venta.

Rafa Lumbreras. CHA / Caspe