Yolanda Díaz se propone vender la nación a Puigdemont. Sí, como el que vende su alma al diablo. Por un objetivo interesado y cortoplacista como es mantenerse 4 años más en el poder. No sabemos si con el consentimiento o no de Sánchez. Pero a cambio de eso, está dispuesta a conceder la amnistía a los que cometieron un delito a sabiendas y a consentir la autodeterminación exigida por una minoría. Esta traición supondría la consecuencia lógica de expulsar de su nación a todos los catalanes que se sientan españoles y cercenar a España de una de sus partes integrantes.

El problema catalán no es un problema nuevo ni un debate ajeno en los diarios de sesiones del Parlamento español. Ya lo dijo uno de nuestros filósofos más ilustres con motivo del debate del Estatuto catalán en 1932, don José Ortega y Gasset: «Lo más lamentable de los nacionalismos es que son un sentimiento que alguien se encarga de traducir en concretísimas fórmulas políticas: las que a ellos, a un grupo de exaltados les parecen mejores. Los demás coinciden con ellos en el sentimiento aunque discrepan en las fórmulas pero no osan manifestar su discrepancia por temor a que los exacerbados los tachen de anticatalanistas».

Ha habido momentos históricos en los que ha intentado resolverse de raíz el problema catalán, tal fuera por principio de querer resolver un problema. Ahora ni siquiera nos encontramos en esa tesitura. ¿Leísteis esta hoja de ruta en el programa electoral del PSOE o de SUMAR a las elecciones del 23J? No, no la leímos porque no es algo que se haga en pro del interés general. Se hace accediendo a un chantaje. Un chantaje del todo evitable.

De aceptarlo, sería la mayor desautorización a la calidad democrática de España y al poder judicial que ha procesado un delito conforme a nuestro Estado de Derecho. El ataque más disparatado perpetrado por un gobierno a sus propias instituciones democráticas.

Si ya nos parecieron una aberración los indultos más aún la amnistía. Porque mientras que el indulto admite el perdón de la pena, la amnistía supone el perdón del delito. La absoluta anulación con carácter retroactivo de la responsabilidad jurídica anteriormente determinada. La amnistía implica lo que, a mi juicio, es más grave e inaceptable: convertir al Estado español en antidemocrático, arbitrario y represor.

Esto es lo que tenemos después del 23 de Julio. Como casi siempre, España sigue en manos de los independentistas. Cosa que podría cambiarse mediante un gran pacto de Estado en el que se modificase la ley electoral. Bastaría una circunscripción única, una segunda vuelta entre los partidos más votados o una barrera electoral nacional. Así el 95% de los españoles no dependería de lo que el 5% le quisiera imponer. Pero este es otro asunto que podemos tratar en otro artículo.

Hoy, como en el 32, se puede decir como dijo Ortega «El partido socialista tiene el gran deber en esta hora de hablar a tiempo, con toda altitud y precisión. (…) El partido socialista es un partido gubernamental, y esté o no esté en la bancada azul, un partido gubernamental es cogobernante, porque se halla siempre en potencia próxima de ponerse a gobernar».

Hay asuntos en los que no se puede ceder ni dudar, sino hincar bien los talones en tierra. Con altura de miras, buscar el interés general y renunciar a todo aquello que suponga intereses particularistas que lesionen los derechos de los demás. Espero que el partido socialista no sea autor de este despropósito y deje claro a Puigdemont y toda su camarilla que no están en venta ni la soberanía de España ni nuestro Estado de Derecho ni reputación democrática. Aunque dada la disolución progresiva que hemos ido viendo en los últimos tiempos del PSOE en una especie de pseudopodemos, tengo poca fe.

Isabel Arnas. Concejal PP Albalate del Arzobispo